Capitulo 6





Capítulo 6

Bella

Bella despertó con el sonido de la ducha corriendo en la otra habitación. Sonriendo extendió las manos sobre su cabeza y gimió suavemente. Su cuerpo estaba un poco dolorido de su noche juntos, pero eso estaba más que bien con ella. Deslizando su cuerpo desnudo de la cama, se abrió camino fuera del dormitorio, por la sala de estar y suavemente tocó la puerta del baño, abriéndola y entrando, sin esperar una respuesta.

El vapor llenaba la habitación, pero sus ojos aterrizaron  inmediatamente en la silueta de Edward en la ducha. Lo miró por un momento, observándolo echarse espuma. Sintió el fuego encenderse entre sus piernas y se retorció en el lugar mientras lo observaba. Sintiendo su mirada en él, abrió la puerta de la ducha y asomó la cabeza. Sus ojos lentamente viajando hacia abajo y hacia arriba por su cuerpo.

—Buenos días.

Ella dio un paso tentativo hacia la ducha.

»Te levantaste temprano. —Le hizo señas para que se acercara más, una sexy sonrisa tocando sus labios—. Ven aquí. Tengo una grave erección con la que creo podrías ayudarme.

Sonriendo, cruzó la habitación y se metió a la ducha con él.

Inmediatamente la agarró, levantándola sobre sus caderas y presionando su espalda contras las húmedas paredes de cerámica, su espalda hacia la corriente de agua. Sus labios reclamaron los suyos, rudamente, inflamando el fuego que se estaba desarrollando en su interior.

Su lengua se deslizó más allá de sus labios entreabiertos y luchó contra la suya hasta la sumisión, enviando un escalofrío de placer y anticipación por su columna.

Agarrando las nalgas de su trasero en sus manos la extendió, su dura y erecta polla presionando su entrada. Ella gimió contra sus labios, cerrando sus piernas alrededor de su cintura y sosteniéndose con firmeza contra él.

En un solo rápido y poderoso movimiento, estrelló profundamente su eje dentro de su núcleo y gritó de placer cuando su polla la estiró. Cuando empezó a martillar dentro de ella, la cabeza de su polla rozó contra su pared interior, golpeando el punto G con cada contundente embestida.

Apartó los labios de los suyos y enterró la cabeza contra su cuello, aferrándose fuertemente a él. Su rápida y dura forma de follarla era un contraste directo a la lenta y minuciosa forma de hacerle el amor de la noche anterior. Era rápido, furioso y era excitantemente diferente a cualquier cosa que hubiera experimentado. En ese momento todo lo que Bella podía hacer era aferrase firmemente y disfrutar las sensaciones corriendo a través de ella.

»He estado muriendo por follarte desde que desperté —gruñó en su oreja, su voz profunda, mezclada con deseo.

—Oh Edward. ¡Oh Dios! —Su coño se estremeció, y gimió contra su cuello. Su deseo era tan intenso. La estaba volviendo loca, y haciéndola sentir como la mujer más deseada del mundo. Le encantaba.

—Pensar en tu apretado coño… me estaba volviendo loco.

—Mmmmm. —No podía pensar, todo lo que podía hacer era disfrutar del éxtasis de todo. La sensación de su cuerpo contra el suyo era casi alucinante. Estaba subiendo rápidamente a la cúspide, a segundos de llegar a su punto de no retorno.

—Necesito que te corras conmigo, nena. —Se echó hacia atrás y atrapó sus labios con los suyos.

Su polla se engrosó en su interior, sus embestidas se volvieron más profundas, metiendo hasta sus bolas. Se aferró más fuerte a él, mareándose cuando llegó a su cima. Apartó los labios de los suyos y gritó cuando alcanzó su clímax.

»Oh joder, nena. Córrete conmigo. —Se estrelló contra ella una última vez presionándola fuertemente contra la baldosa de cerámica, casi demasiado fuerte, pero no le importó, estaba demasiado envuelta en el placer corriendo a través de ella cuando su polla explotó, desatando su furioso semen profundamente dentro de su núcleo.

Gritó, aturdida por su clímax y disfrutando de la sensación de su semen llenándola. Dejando caer la cabeza en su hombro, se aferró a él, agradecida por su fuerza y sus brazos sosteniéndola.

»No creo que alguna vez tenga suficiente de ti, Bella —susurró Edward, besando su frente y situándola suavemente de pie—. ¿Estás bien?

La preocupación en su voz la conmovió. Asintió. Sus piernas temblaban bajo ella, pero estaba bien.

—Estoy más que bien —le aseguró, tocando su mejilla.

—Hmmmm… entonces date la vuelta aquí, y déjame lavar ese hermoso cuerpo tuyo.

La excitación brilló en sus ojos. Le gustaba la idea. Haciendo lo que le dijo se enfrentó a la corriente de agua con Edward detrás de ella. Sus brazos la rodearon, tirándola contra su parte delantera mientras comenzaba a lavar suave y meticulosamente su cuerpo. Bella dejó caer si cabeza contra su hombro y cerró los ojos, disfrutando de la sensación de su cuerpo y la dulce caricia del agua golpeándola. Comenzó con sus hombros y lentamente se movió hacia el sur. Sus manos lavaron y acariciaron suavemente cada centímetro de ella, y se sentía como el cielo. ¿Cómo un hombre podía follarla tan duro y rápido, y luego acariciarla tan suavemente solo minutos después?

Sus manos hicieron una pausa en sus pechos, tomando un momento para burlarse de sus pezones, pellizcándolos entres sus dedos hasta que se volvieron protuberancias. Sus manos continuaron viajando, por su torso y sus caderas hasta llegar a su pelvis.

»Date la vuelta —ordenó Edward, mientras se agachaba detrás de ella, tomando un momento para plantar un beso en su espalda baja. Su frente se frunció, hizo como le dijo, girándose para enfrentarlo. Su boca estuvo directamente en frente de su montículo y puso un casto beso entre sus piernas. Bella inhaló bruscamente.

»Sostente en mis hombros para apoyarte.

—De acuerdo.

Una vez que agarró sus hombros, el levantó una pierna y la puso sobre su hombro, extendiéndola ampliamente para él. Comenzó a correr la esponja hacia arriba en el muslo interior de su pierna plantada en la bañera. Con cada centímetro que la esponja se movía por su pierna, su respiración se aceleraba. Justo cuando alcanzó la cúspide entres sus piernas, comenzó a lavar la otra.

—Edward, me estas sacando de quicio nuevamente.

Él levantó la mirada de su tarea para atrapar la suya y darle un guiño.

—Tal vez esa es la idea.

Su coño comenzó a latir desenfrenadamente cuando dejó caer la esponja y comenzó a besar su camino hacia la parte interna de su muslo. Cuando llegó a la cúspide entre sus piernas, extendió los labios de su coño y lamió la longitud de su hendidura, tomándose un momento para rodar su lengua alrededor de su sensible protuberancia.

—¡Oh Dios mío! —Dejó caer su cabeza y cerró los ojos cuando la lamió una segunda y tercera vez. Empezó a dar suaves sacudidas contra su boca, queriendo más, necesitando más.

—Mmmm. Y sabes tan dulce, nena —murmuró mientras mordisqueaba suavemente su clítoris.

Apenas escuchó las palabras. Su lengua y sus dedos, que estaban comenzando a empujar dentro de ella, eran más que divinos. Su cuerpo comenzó a moverse contra su boca, atrapada en las sensaciones corriendo a través de ella.

Deslizando sus dedos de ella, los reemplazó con su lengua, metiéndola dentro y fuera, follando su coño con su lengua como si fuera su polla.

—Oh Edward. —Sus uñas se clavaron en sus hombros, dejando profundas medias lunas en ellos. Abriendo los ojos lo miró, excitada viendo su rostro enterrado entre sus piernas.

Sus piernas se debilitaron debajo de ella. Su lengua follándola implacablemente se estaba volviendo demasiado. Su estómago se enrolló dentro de ella, volviéndose imposiblemente apretado cuando llegó a su punto de ruptura.

»¡No creo que pueda aguantar mucho más! —jadeó, solo para ser ignorada. Su lengua se deslizó fuera de su nucleó para trabajar en su clítoris, ¿una vez más haciéndola gritar. Cuando deslizó dos dedos en su palpitante núcleo, no pudo aguantar por más tiempo. Sintiéndose mareada, gritó una segunda vez cuando llegó a su clímax. Una ráfaga de sus jugos saludaron a sus exploratorios dedos mientras dejaba salir otro grito de alivio.

—Oh Dios mío, Edward, me voy a caer. —Sintió que se le doblaban las rodillas, el placer demasiado abrumador, pero él fue más rápido.

De pie, deslizó una mano por su cintura y la atrajo con fuerza hacia él.

—Te tengo, nena.

Ella gimió suavemente, deslizando las manos alrededor de su cuello y aferrándose firmemente a él.

—Mmmm, Edward. Lo siento, fue tan bueno. Yo…

—Está bien. Nunca te dejaré caer, Bella. —Besó su frente con ternura, sin dejar de abrazarla hasta que fue capaz de sostenerse a sí misma sin su apoyo.

Bella

Bella lo vio preparándose para el trabajo mientras ella cocinaba panqueques para el desayuno. Todavía se sentía como un sueño para ella, todos los años que había suspirado por él y finalmente era suyo. No podría haber estado más feliz si hubiera ganado la lotería. A medida que él deslizaba la pistola en su funda, levantó la vista y atrapó su mirada fija en ella. Una sonrisa atractiva se extendió por sus labios y le guiñó, haciendo que su pulso se acelerara, causando que sus mejillas enrojecieran.

—Yo, uhm. —Se removió incómoda, evitando su mirada, avergonzada de que la había atrapado mirándolo.

—Tú, uhm. ¿Qué? —Su sonrisa se amplió, aparentemente divertido por su repentino ataque de timidez.

—Desayuno. Los panqueques.

—¿Está listo? —Enganchando su dedo índice debajo de su barbilla, la obligó a mirarlo a los ojos.

—Sí. —Ella no tenía ni idea de dónde vino este repentino nerviosismo. Simplemente estaba nerviosa.

—Bien. No tengo mucho tiempo, la ducha tomó un poco más de tiempo de lo habitual.

Liberando su barbilla, pasó junto a ella y el aroma picante de su colonia se desvió hacia su nariz. Ella exhaló y caminó detrás de él, admirándolo en su uniforme desde atrás.

No perdió tiempo sirviéndose él mismo el desayuno y poniendo el plato también para ella. Cuando se sentaron uno frente al otro en la pequeña mesa de la cocina, ella reflexionó sobre si debía exteriorizar la preocupación que había estado flotando en su mente mientras terminaba el desayuno. Pero lo último que quería era traer a colación un tema que podría poner fin
a lo que estaba pasando entre ellos.

—Vamos. Escúpelo. ¿Qué tienes en mente? ¿Ya estás lamentando lo de anoche… —sonrió—,… y esta mañana?

Ella apuñaló su panqueque con el tenedor.

—No, no. Por supuesto que no.

—Pero...

Con el ceño fruncido, Bella levantó la vista y lo miró a los ojos. Su expresión había pasado de divertida a preocupada.

—Pero, ¿qué?

Tomando una respiración profunda, se liberó lentamente.

—¿Qué pasa con nuestros padres? —Edward se encogió de hombros.

—¿Qué pasa con ellos?

—Vamos a decirles, sobre... —Hizo un gesto entre ellos—. ¿Nosotros?

—Sí. No. No me importa, para ser honesto. Ni siquiera me preocupa remotamente para ser honesto.

—Oh.

Inclinándose a través de la mesa, le tomó la mano entre las suyas.

—Escucha. No es como que estuviéramos ocultando un terrible secreto. No hemos matado a nadie ni hemos sido sorprendidos en algún club de pervertidos. A menos que tú estés en eso.

Ella sacudió la cabeza y él se echó a reír.

»Y no es que estemos viviendo más bajo su techo. Además, tu padre me ama.

Ella sonrió, sintiéndose tonta incluso por preocuparse por ello.

—Eso fue antes de que empezaras a follar a su hija. Hizo una mueca, pero su sonrisa volvió rápidamente.

—Está bien, veo tu punto. Nos ocuparemos de ello cuando llegue el momento. Difícilmente algo de lo cual estresarse.

—Supongo.

—¿Quieres saber cuál es tu problema?

¿Eh?

—¿Qué quieres decir con mi problema?

—Quiero decir, tu problema. Piensas demasiado las cosas. A muerte. Es un milagro que ahora no tengas una úlcera. Debes tratar simplemente de apagar todos esos pensamientos de vez en cuando y permitirte a ti misma solo relajarte.

—Yo no... —Ella sintió la necesidad de protestar, a pesar de que lo que él decía era la verdad absoluta.

—La mitad de la diversión de tener fiestas era ver cómo trabajabas hasta haber conseguido que todo estuviera en orden. Persiguiendo a todos, poniendo portavasos debajo de sus bebidas. Espantándolos para que se quitaran de los muebles caros y fuera de la sala de estar en caso de que pudieran arruinar algo. Eras como una pequeña mamá gallina quisquillosa. Era malditamente divertido verte haciéndolo. Juro que eras la chica de 16 años más vieja que he conocido.

—Si no mal recuerdo, si no me hubieras tenido salvándote el culo con la limpieza, habrías estado en un montón de problemas. Y pensando en eso, ni una vez dijiste gracias.

Él resopló.

—Claro que lo hice.
—Nop. Nunca. Ni una sola vez. Ni siquiera el día que golpeaste a Mike.

Su expresión se volvió seria mientras apuñalaba su panqueque con el tenedor.

—Eso me molestó. Había dejado perfectamente claro que no ibas a ser tocada y él fue detrás de ti de todos modos.

—Así que no me deseabas y te aseguraste de que nadie trataría de estar conmigo tampoco. ¿Eres la razón por la que los únicos tipos que me pedirían salir eran geeks de matemáticas y otros tipos de nerds?

Se encogió de hombros.

—Podría haber intervenido varias veces. Sin embargo, solo estaba preocupado por tu bienestar. Conocía a esos tipos y ninguno era lo suficientemente bueno para ti.

Ella se estaba enojando. Se suponía que debía estar mareada, feliz, en la luna por tanto entusiasmo. Por fin había conseguido al chico que había estado anhelando, pero en lugar de eso estaba enfadada.

—Esa era una decisión que debía tomar yo, no tú. Tal vez sentí lo mismo acerca de las mujeres con las que salías, pero no me viste intervenir y sabotear tus relaciones. O la falta de relaciones, para el caso.

—Eso no es justo, solo estaba cuidándote. Y no es que eso realmente hiciera mucha diferencia, follaste con Mike de todos modos. ¿Y cómo funcionó eso para ti, por cierto?

Mal. No había pasado mucho tiempo después de que le había dado su virginidad a Mike, cuando rompieron y él estaba con su próxima conquista.
El celular de Edward sonó, interrumpiendo su argumento. Sacando el teléfono de su bolsillo, lo miró y suspiró.

»Me tengo que ir —dijo, poniéndose de pie.

—Pero no se supone que te vayas sino hasta en media hora —protestó ella, frunciendo sus labios. No quería que se fuera mientras estaban en medio de una discusión. Esa fue siempre la forma en que fue para sus padres. Su padre dejaría la tormenta a mitad de un argumento dejando a su madre ansiosa y echando humo; y sabía cómo terminó esa historia de amor. No quería cometer el mismo error con Edward, hacer lo que sus padres hicieron.

Él frunció el ceño, sus ojos pidiendo disculpas.

—Tengo que ir a trabajar. Emmett llamó. Necesitan un auto extra inmediatamente. Hablaremos esta noche. ¿De acuerdo?

—Oh... —Bella le dio una débil sonrisa, tratando de ocultar su malestar.

—Estaré en casa para la cena y la haré para ti. Te lo prometo.

Bella contuvo su decepción y asintió, levantándose y caminando alrededor de la mesa para estar delante de él.

—Está bien. Tenemos la noche juntos, estoy de acuerdo con eso. Podemos hablar entonces.

Él se inclinó y le dio un beso.

—Está bien. Pero realmente no hay nada de qué hablar. Vamos a dejar toda esa mierda en el pasado, ¿de acuerdo? Lamento el dolor que te causé, pero todo terminó como debería. Estamos juntos, ¿no?
—Tienes razón. —Ella dio un suspiro de alivio—. Fue una estupidez exaltarme acerca de eso. Lo siento.

Dándole un rápido beso en la mejilla, él se dio la vuelta y salió por la puerta sin otra mirada hacia atrás.

Edward

Entonces qué paso?

Edward miró a su compañero en el asiento del pasajero.

—¿Qué quieres decir?

—Oh, por el amor de Dios, sabes a qué me refiero. Pareces estar en un mejor estado de ánimo, así que estoy asumiendo que las cosas funcionaron con tu hermana.

—Hmmm. Bueno, tuvimos una charla.

Emmett resopló.

—¿En serio? ¿Solo una charla, eh?

—Realmente estoy empezando a lamentar haber tenido esa conversación hipotética contigo. —A pesar de sus palabras, estaba agradecido por la conversación que tuvo con Emmett la noche anterior. Necesitaba la reconfirmación de una parte imparcial, de que lo que él sentía por Bella estaba bien. Ligeramente prohibido, seguro, pero si era honesto consigo mismo, el elemento tabú, era ligeramente emocionante para él. Bella había tenido razón, se imaginó que sus padres tendrían que tomarse algún tiempo para acostumbrarse a la idea y tendrían un millón de preguntas, especialmente su madre, pero lo aceptarían. No era el calvario que ella estaba esperando que fuera.
—Bueno, corrígeme si me equivoco, pero nuestra conversación te ayudó con tu pequeño dilema, y por la sonrisa tonta que antes tenías en tu cara, estoy seguro que sí. Lo cual es más de lo que yo logré anoche —se quejó, la última frase en voz baja.

Edward sonrió, imaginando a Emmett tratando de enganchar mujeres que eran casi veinte años menores que él.

—¿No estaban haciéndote caso, eh?

—Nah, me batearon y fui a casa con una erección que podría romper ladrillos.

—Demasiada información, Emmett.

—¿No supondré que tienes alguna otra hermana con la cual podría tener algo?

Sonriendo, Edward levantó una ceja y miró a Adam desde la esquina de su ojo.

—Si la tuviera, serías la última persona que le estaría presentando.

Adam se rio, no se inmutó por el insulto en lo más mínimo.

Mirando hacia abajo al reloj digital del tablero, Edward suspiró; otras cuatro horas y estaría en casa con Bella. Su turno no podría terminar con la suficiente rapidez en lo que a él concernía. Normalmente le gustaban los días tranquilos como el de hoy, pero estaba tan ansioso por estar en casa que se encontró esperando en silencio algún tipo de acción para que pasara el tiempo.




Bella

Una vez que tuvo hecha la cena, Bella corrió a su habitación para vestirse. Se había tomado el tiempo mientras Edward estaba trabajando, para recoger los ingredientes para la sopa de mariscos. Sabía que era su favorita y cuando se dirigía a la tienda, decidió comprar algo sexy que usar para él. La compra de las dos prendas en cuestión en unos pocos días era excesivo teniendo en cuenta sus limitados fondos, pero se prometió a sí misma que era lo último que derrocharía. Amó la forma en que sus ojos habían devorado cada centímetro de su cuerpo cuando tenía puesto el camisón de seda, así que mientras se ponía el ajustado corsé rojo de piel y satén, bragas de satén rojo y botas de cuero negras altas hasta los muslos, estaba segura de que lo amaría.

Una vez que el vestuario estuvo puesto se acercó al espejo de cuerpo entero en el interior de la puerta de su clóset y se miró a sí misma. Sus pechos estaban empujados en alto, casi derramándose fuera del corsé, y cuando se volteó le encantó la forma en que las botas de tacón alto le levantaban el trasero, tuvo que mirar a su alrededor y animarse.

Rara vez usaba maquillaje, pero para esta noche iba por todo. Sus ojos oscuros estaban delineados y pintados dando una apariencia de ojos de gato. Sin embargo, eso no era todo, sus labios tenían un color carmesí que coincidía con el color rojo de su corsé, un completo contraste con su pálida piel marfil.

Mientras se daba una inspección final a sí misma un golpe sonó en la puerta del apartamento. Echando un vistazo por encima de su hombro hacia el reloj de la mesa de noche, vio que eran las cinco de la tarde, que era cuando él debía estar en casa. Una amplia sonrisa apareció en sus labios mientras se precipitaba hacia la puerta. Mientras agarraba la manija, se le ocurrió que si fuera Edward el que estuviera al otro lado no estaría llamando.

Mierda, mierda, mierda.

Una segunda serie de golpes sonó.

Contempló no contestar, pero preocupada de que fuera importante corrió hacia el clóset de abrigos, sacó el suyo y lo colocó sobre su atuendo.

Se las arregló para abrir la puerta al tercer toque, sin molestarse en preguntar para averiguar quién estaba al otro lado.

Abriendo la puerta, su mandíbula cayó mientras sus ojos se fijaban en Tanya, la rubia de la semana anterior. La otra mujer estaba usando una gabardina alrededor de ella y Bella sospechaba que nada más debajo de ella.

Ni ella ni Edward, por lo que sabía, habían pensado en Sylvia desde que se había enfurecido. ¿Entonces por qué estaba aquí?

Los ojos de la mujer escanearon a Bella de la cabeza a los pies y de regreso otra vez, la hostilidad de la semana anterior presente en su mirada.

—¿Dónde está Edward? —preguntó Finalmente, saltándose cualquier tipo de cortesía, lo cual no sorprendió a Bella.

—No está aquí.

—¿Cuando regresa? Esperaré. —Ella trató de entrar al apartamento, pero Bella rápidamente bloqueó su camino.

—Como dije. No está aquí.

—Creo que él estaría encantado de verme cuando llegue a casa.

—La mujer hizo otro intento de entrar, de nuevo siendo bloqueada por Bella. No había manera de que la perra entrara y arruinara su noche planeada con él. De ninguna manera. Bella no era mucho de pelear, en especial por un hombre, pero se negaba a ser el tapete de alguna mujer con la que Edward había tenido una aventura de una noche.

—Te lo prometo, Tanya. No querrá verte. Además tiene una novia ahora, así que no te necesitará. —Tan pronto como dijo las palabras sintió un calor propagarse a través de ella al darse cuenta de que Edward y ella eran una pareja. Nunca imaginó que eso jamás sucedería, pero era cierto. Él era suyo.

La otra mujer resopló y dio un paso atrás, entrecerrando los ojos mientras observaba a Bella, una vez más. Una sonrisa sarcástica tocó sus labios.

—Teniendo en cuenta que hemos follado casi todas las noches de esta semana, me gustaría apostar a que no es una relación muy fuerte.

Bella se sentía como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago. Por un momento se quedó mirando a la otra mujer, sin palabras.

—Estás mintiendo. —Edward no haría eso, bueno, no le haría eso a ella. Se negaba a creerlo. Por supuesto que no habían estado juntos cuando su dedo la había follado. Pero eso fue todo, follar a alguien con el dedo apenas lo hacía una relación. Y él había estado evitándola, ¿tal vez él no había estado evitándola dado que estaba consiguiendo liberarse en otro lugar?

La sonrisa de Tanya se ensanchó mientras sus ojos hacían un examen más detenido de Bella, de pies a cabeza y de regreso de nuevo.

—¿Por qué mentiría acerca de eso?

—¿Debido a que tienes problemas mentales? ¿Qué sé yo? —Bella estaba a punto de cerrar la puerta en la cara de la otra mujer, pero Tanya fue demasiado rápida para ella, dando un paso adelante y evitando que cerrara.

—Puras fanfarronadas viniendo de una niña que parece tener algún tipo de extraño enamoramiento por su hermano mayor, ¿no te parece?

La mandíbula de Bella se apretó. No le gustaba cómo lo dijo la otra mujer, como si las palabras fueran viles en su boca. Lo que realmente quería hacer era agarrar a esta pequeña perra mordaz por el cabello y sacarla del edificio, pero controló las ganas. Nunca antes había caído tan bajo como para entrar en una pelea por un hombre, y prefería no empezar ahora, especialmente desde que la escuela comenzaba en un par de días y no creía que ir a clases en su primer día, con cortes y contusiones darían una muy buena impresión.

—Creo que necesitas salir del camino de entrada. Fuiste una follada de una noche, eso es todo. No te preocupes, estoy segura de que hay más hombres que buscan una follada fácil. Te sugiero que vayas a buscarlos.

Las manos de la otra mujer se apretaron en puños a sus costados y la tensión entre las dos mujeres se intensificó. Bella se preparó para el asalto que se aproximaba. No tenía idea de cómo pelear, pero por Dios, le daría su mejor golpe. Cuando era una adolescente, había sido zarandeada por las calientes chicas populares. Chicas como Tanya, y ella las había dejado.

Sin embargo, tenía un nuevo comienzo, y ya no iba a permitirse a sí misma ser presionada, sobre todo cuando era por algo que a ella realmente le importaba, Edward.

—Tanya, ¿qué estás haciendo aquí? —La voz de Edward rompió la tensión, segundos antes de que llegara a un punto de ruptura.

Tanya se dio la vuelta, su cabello dorado formando un abanico a su alrededor, una amplia sonrisa se extendió por sus labios.

—Edward, cariño. Me alegro tanto de verte.

Miró a Bella y luego hacia abajo a Tanya, que se había pavoneado hacia él y había apretado su cuerpo contra el suyo. Dio un paso atrás, alejándose de ella.

— ¿Por qué estás aquí? ¿Pensé que habías dicho que habíamos terminado? No era digno de tu tiempo ni esfuerzo. Algo así. No que importase. —Se encogió de hombros.

—Me precipité. Vine pensando que podríamos... —se encogió de hombros, dándole una sonrisa seductora, que Bella imaginó que convertía a la mayoría de los hombres en gelatina—, llegar a conocernos mejor.

—Bueno, Tanya, ahora mismo te puedo decir que no va a pasar. Me lo pasé bien contigo la semana pasada, pero... estoy con alguien ahora. Lo siento. —Edward cabeceó hacia Bella y le dio una suave sonrisa antes de volver su atención de nuevo hacia Tanya, que empezaba a lucir visiblemente enfurecida. Era evidente que estaba acostumbrada a salirse con la suya, y el rechazo no era algo que a menudo recibiese, si es que lo recibía alguna vez.

—Pero Edward. Vamos… —dijo ella, volviéndose hacia Bella con desprecio en su expresión—. ¿Ella? ¿Estás hablando en serio? —Su voz estaba envenenada con incredulidad y enojo—. ¿Tú hermana?

—Hermanastra. —Interrumpió Bella.

Tanya miró de Edward a Bella y luego de regreso a este otra vez. Una mueca cruzó su cara y negó con la cabeza.
—Bueno al infierno contigo entonces. Jodido y enfermo cabrón que se folla a su hermana. —Salió corriendo sin dar una mirada hacia atrás.

Edward y Bella la vieron desaparecer por la escalera en silencio.

Dejando escapar un fuerte resoplido, Edward se pasó una mano por el cabello y le dio a Bella una sonrisa compasiva.

—Siento mucho todo eso.

Bella suspiró.

—No importa. —Al decir las palabras, supo que era verdad. Había estado en el fondo de su mente, el elemento tabú de su relación, pero la verdad era que no le importaba. Lo que le importaba era Edward y lo bien que estaban juntos. Si otras personas no podían manejar la situación, era su problema, no el suyo.

Edward  se acercó a ella, abrazándola.

—Lo siento.

—No tienes más mujeres por ahí esperando para salir de la nada ¿verdad? —bromeó Bella, extendiéndose contra él y besándolo con ternura.

—No, tú eres la única.

—Hmm. Me gusta cómo suena eso. —Dio un paso atrás para poder conseguir un buen vistazo de él desde la cabeza a los pies—. Sabes que no hay nada más sexy que un hombre en uniforme. —Y lo decía en serio. Se estaba mojando solo con mirarlo de azul, con el arma atada a su cinturón, luciendo como un dominante oficial. A ella le encantaba.

Edward vio sus botas de estilo prostituta y sonrió.

—Oye, quítate esa chaqueta.
Ella se sonrojó ligeramente, mientras se mordía el labio inferior y se desabrochaba el cinturón del abrigo. Dejó caer la prenda al suelo para mostrar su traje recién adquirido.

—Mmm. Yo... yo... realmente, realmente me gusta eso. Si hubieras usado eso la primera noche que estuviste aquí, no creo que hubiera sido capaz de seguir siendo un caballero la semana pasada.

Un sentimiento de orgullo y de estar atractiva corrió a través de ella. Amó el fuego en sus ojos mientras la miraba y la empujaba suavemente hacia dentro del apartamento, cerrando la puerta detrás de ellos.

—Y en la cocina tengo otra sorpresa para ti.

¡Oh, Dios mío, la cocina! ¡La sopa de mariscos! Giró sobre sus talones mientras corría a la cocina para ver el humo que se elevaba desde la olla.

—¡Oh no! —Mientras trataba de rescatar la sopa, escuchó risas procedentes de la puerta de entrada a la cocina—. No es divertido, he intentado muy duro hacer esto. Solo quería hacerte feliz —dijo enojada, sacudiendo la cabeza ante su arruinada sopa de mariscos.

Él cruzó la cocina para envolver sus brazos alrededor de su cintura y la tiró con fuerza contra su cuerpo. Empujó su cabello a un lado, y le acarició el cuello.

—Tú me haces feliz. Muy feliz.

Se dio la vuelta en sus brazos, mirándolo a los ojos.

—Tú a mí también, y eso es todo lo que importa. ¿Verdad?

Él asintió con la cabeza mientras sus labios bajaban a los de ella; sabía que lo que había dicho era verdad. Le importaba un comino lo que la gente pensara, este tipo divertido y sexy, la hacía feliz y eso era todo lo que realmente importaba.


Fin

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