Capitulo 5






Capítulo 5


Bajándose de la cama, Edward se sacó el resto de su ropa hasta que estuvo de pie gloriosamente desnudo delante de Bella. Ella se puso de costado y lo observó desvestirse, disfrutando de la vista de su cuerpo.

—¿Suena estúpido que no pueda creer que esto esté sucediendo?

Edward sonrió y negó con la cabeza.

—No, me siento igual. —Se deslizó de vuelta en la cama, a su lado, mirándola. Tocó el fino tirante de su camisón—. Esto es muy... revelador.
—Arqueó una ceja—. ¿Por qué tengo la sensación de que esto fue comprado recientemente?

Bella podía sentir el calor enrojeciendo sus mejillas y agradeció la oscuridad parcial que cubría su culpabilidad.

—Bueno, estaba pensando...

El dedo de Edward siguió el delicado tirante hacía la franja de encaje blanco sobre el corpiño.

—¿Cuánto tiempo has estado pensando en esta pequeña seducción tuya?

Se estremeció cuando las puntas de sus dedos rozaron la parte superior de sus pechos.

—Yo... Uhm.

—Dime, Bella. —Bajó su dedo sobre su pezón y comenzó a tocarlo sobre la tela. Empezó a endurecerse bajo su toque, y envió una sacudida corta, ligera y deliciosa a través de ella.

Gimió suavemente:

—Te estás burlando de mí.

—Tú estás postergándolo —respondió, su dedo moviéndose al otro pecho, pellizcando el pezón, haciéndolo girar, y volviéndolo un pico endurecido.

—Mmmmm. —Trató mantenerse concentrada, pero era difícil, mientras su dedo dejaba su pecho y lentamente se abría camino por su costado hacia la cadera—. Yo, uhmmm.

—¿Cuándo Bella?

—Bueno, siempre he tenido un flechazo por ti.

—Aja.

—Bueno, sí. Siempre fuiste tan guapo y popular en toda la escuela. Siempre estuve celosa de las otras chicas y me dolía que nunca me vieras… de esa manera.

—No lo hacía. Al principio. Pero el día en que te atrape en ese jacuzzi con Mike, algo se rompió en mi interior... estaba tan enojado. Él estaba tomando algo que, en alguna parte inconscientemente, había reclamado como mío. Al principio pensé que era fraternal, algo sobre protegerte, pero no pasó mucho tiempo para que me diera cuenta de que ese no era el caso en lo absoluto.

Ella se encogió de hombros.

—No es como si pudiéramos haber hecho algo al respecto, incluso si te hubieras dado cuenta y te sentías de la misma manera.  En cuanto a la seducción... —Sonrió—. El día que llegué aquí.

Edward se inclinó y besó su hombro.

—Te das cuenta de que esto lo va a cambiar todo.

Bella cerró los ojos y suspiró. Sus labios se movieron a través de su clavícula, colocando una serie de besos de mariposa, hasta el centro de su pecho.

—Creo que ya estamos más allá de preocuparnos de que las cosas cambien.

Su mano se deslizó hacia abajo, sobre la curva de su cadera y bajó por la cara externa de su muslo.

—Es verdad, pero todavía podemos detener esto. Podríamos ser capaces de... —La besó entre sus pechos, y entonces mordisqueó el pezón a través de la tela transparente. Bella gimió, su mano viajando por su pecho y hasta su semidura polla.

—No quiero retroceder, Edward.

Edward

Cuando bajó su mirada hacia Bella, su cuerpo tan sensible, sus ojos cerrados mientras disfrutaba de la sensación de sus manos sobre ella, Edward supo que él tampoco quería regresar a cómo habían sido las cosas. Por supuesto, su mano suave y delicada, acariciando gentilmente su polla no ayudaba a mantener una mente clara tampoco.

—Yo tampoco cariño —murmuró, besando el valle entre sus pechos por segunda vez.
—Quiero sentirte, Edward. Lo necesito. —Bella se dio la vuelta y extendió ligeramente sus piernas, invitándolo a explorar.

Los dedos de Edward viajaron hasta la parte interna de su muslo, lentamente, atormentándola, aunque no estaba seguro de que si por su lento progreso se torturaba más a sí mismo o a ella.

Empujó el dobladillo de la falda de seda hasta que se agrupo alrededor de sus caderas. A pesar de la oscuridad de la habitación, podía ver la evidencia de su deseo saturando la tela de su tanga. Enganchando sus pulgares en el lazo de su tanga, lentamente la estiró por sus muslos, y más allá de sus pantorrillas, luego la sacó.

Pasó su dedo índice a lo largo de su raja, reuniendo sus jugos. Estaba tan suave, tan perfectamente húmeda para él. Su polla se sacudió en su mano, y él gimió suavemente.

Los ojos de Bella parpadearon abriéndose y lo observó llevar su dedo hacia sus labios, lamiendo sus jugos.

»Edward, por favor. —Soltó su eje y deslizó sus manos alrededor de su cintura, instándolo sobre ella.

Se resistió a ella, en vez de eso, rodó sobre su espalda y la estiró arriba de él, por lo que estaba a horcajadas sobre su cintura. Su polla asomó entre sus piernas mientras se inclinaba sobre él, besando su pecho.

»Hmm. Está bien, esto también funciona. —Sus ojos se encontraron y le dio una sonrisa diabólicamente malvada que a la vez era adorable y sexy como el infierno.

—Prefiero mucho más esta vista —confirmó él, sus ojos bajando de los suyos para concentrarse en sus pechos tensos contra el camisón transparente. Su sonrisa se ensanchó mientras agarraba su polla entre sus piernas y comenzaba a frotarla suavemente. La sensación de sus caricias combinada con la intensa lujuria en sus ojos lo estaba volviéndolo loco mientras esperaba a sentirla rodeándolo.

Bella se reclinó, arqueando su espalda. Sus pechos se presionaron ajustándose a la tela, sus pezones pidiendo ser liberados.

»Me estás volviendo loco, nena —gimió apretando sus dientes, pasó sus  manos a lo largo de sus muslos internos.

—Bueno, me has estado volviendo loca toda la semana. —Él se enderezó y empezó a pasar la cabeza de su polla de adelante y hacia atrás a lo largo de su raja.

Él respiró profundamente, sus dedos clavándose en sus muslos. Tenía miedo de que si tenía que esperar mucho más, estaría obligado a darle la vuelta y enterrar de golpe su polla profundamente en ella.

—Maldición Bella, cuando se trata de ti, no soy un hombre paciente.

Bella detuvo sus provocaciones y apretó su polla en su entrada, la cabeza de su polla apenas penetrándola. Apretó sus piernas con sus manos y sostuvo arriba sus caderas, hundiendo su polla profundamente en ella. Su apretado coño caliente lo tomó completamente, y gimió en voz alta, saboreando la sensación de ella.

Ella gritó, arqueando su espalda, su cabeza cayendo hacia atrás mientras sus largos rizos oscuros caían en cascada por su espalda. Apoyando sus manos sobre las rodillas detrás de ella, trató de mantener el equilibrio sobre su polla. Lo mantuvo enterrado en su interior por más de un minuto. Se sentía tan bien, como si su polla finalmente estuviera en donde pertenecía, en el interior de la mujer creada solo para él.

»Oh joder, cariño. Te sientes mejor de lo que imaginé.

—Mmmm. —Bajó su mirada brevemente hacia él, con una suave sonrisa de satisfacción en sus labios.

Comenzó a moverse sobre él, sus caderas girando en movimientos circulares mientras lentamente se movía arriba y abajo sobre él. Edward observaba su cuerpo moverse y girar sobre él; era fácilmente una de las cosas más calientes y sensuales que alguna vez había visto, y era justo igual, si no más, a la sensación de tenerla rodeándolo.

—Maldición Bella, más duro… rápido. —Apretó sus dientes, tratando de contener su excitación.

Su ritmo lento y constante no duró mucho. Se apresuró, moviéndose más rápido, más duro, su coño apretándose alrededor de su polla, lo ordeñó, rogándole su semen. Edward gimió, agarrando sus caderas y tirándola hacia abajo apretada contra él con cada empuje, mientras retorcía sus caderas para encontrarse con ella. Sus cuerpos trabajaron perfectamente al unísono, dando y recibiendo placer el uno del otro.

Sus quejidos y gemidos se hicieron más frecuentes y más fuertes a medida que su ritmo se hacía más frenético, sus pechos rebotando con el movimiento.

—¡Oh Edward! Taaaaan bueno. ¡Oh, Dios mío!

Sus bolas le dolían, su necesidad de liberación llegaba rápidamente, demasiado rápido. Empujó hacia abajo la necesidad, su deseo de sentirla correrse sobre su polla era más fuerte que su necesidad física en ese momento.

—Córrete para mí, nena. Córrete sobre mi polla.

Gimió más fuerte, agitándose violentamente sobre él, su cabello abanicándose salvajemente alrededor de su cabeza, sus pechos rebotando debajo de la tela transparente, seduciéndolo.

—Oh, Dios mío. ¡Sí! ¡Es tan bueno! —Ella clavó sus uñas en sus muslos, su cuerpo tenso. A medida que se estrellaba sobre él por última vez, su cuerpo se estremeció, su coño apretando y soltando un torrente de néctar sobre su polla y pelotas.

Edward gimió, la sensación de su cálido néctar llevándolo cerca del borde del abismo. Sin ser capaz de aguantar más, le dio la vuelta sobre su espalda, cuidando de mantenerse plenamente arraigado en su calidez. Quedando asentado entre sus piernas, comenzó a embestirla sin misericordia.

Ella gritó y gimió, envolviendo sus piernas alrededor de su cintura y tirando de él con cada empuje hacia su interior. Sus manos envueltas alrededor de su cintura, sus uñas dejando largos arañazos marcados en su espalda, pero él apenas lo notó. Lo único que importaba era su acogedor canal y su inminente clímax.

»Oh, sí. ¡Dios sí! ¡Voy a correrme otra vez! ¡Oh Edward! —Se resistió y retorció violentamente debajo de él mientras bajaba sus labios a los de ella, reclamándolos rudamente, salvajemente.

El sabor de su boca era tan dulce. La sensación de su cuerpo tan suave. Su olor floral y acogedor. Todo era demasiado, las sensaciones lo abrumaban al punto de que no había manera de que pudiera haberse contenido por más tiempo si quería, lo cual no hizo.

Alejando sus labios de los de ella para poder mirarla a los ojos, se estrelló contra ella por última vez y se estremeció cuando sus bolas se apretaron, su miembro palpitó y un chorro de su semen se precipitó fuera él para llenar su necesitado centro.

Gimió, mordiendo su labio inferior y cerrando sus ojos mientras su coño desataba otra oleada de sus jugos. Sus fluidos mezclados dentro de su núcleo, inundando su coño y rodeando su polla.

Sus piernas lo presionaron alrededor de su espalda, tirando en su interior lo más ajustado posible mientras era superada por un segundo y tercer orgasmo, cada uno un poco menos dramático que el anterior hasta que su cuerpo quedó laxo debajo de él y se quedó jadeando.

Como no quería dejar inmediatamente su núcleo deliciosamente caliente, Edward bajó su cuerpo sobre ella, apoyando su peso sobre una mano a cada lado de su cabeza. Bajó sus labios a los de ella de nuevo, besándola suavemente.

Bella

Bella sonrió. Se imaginó que su sonrisa era grande y torpe, pero no le importaba. Nunca se había sentido tan bien. Solo había estado con un par de otros hombres antes que él y no eran nada comparados con lo que acababa de experimentar.

—Entonces, ¿no estuvo mal? —bromeó él, besándola suavemente.

Podía sentir su rostro ruborizándose, un poco avergonzada de que fuera tan fácil de leer. Se mordió el labio inferior, alzando la mirada a sus ojos verdes que brillaban con humor y satisfacción.

—Sí, estuvo bien. Podría considerar hacerlo otra vez —bromeó de regreso.

—Oh, vas a ponerte un poco sabelotodo conmigo, ¿eh?

Él rodó sobre su espalda, llevándola con él. A horcajadas sobre su torso, se dio cuenta de que su camisón todavía estaba alzado alrededor de su cintura. Se sentía demasiado vestida por lo que rápidamente se lo quitó, arrojándolo al suelo para que pudiera sentir su piel en la de ella, antes de inclinarse hacia adelante sobre él y estirar su cuerpo sobre el suyo.

—Bueno, no veo por qué debería cambiar. —Besó su pecho y luego arrastró una línea de besos a través de su clavícula. Cruzando los brazos sobre su pecho, puso su barbilla en sus brazos, manteniendo sus ojos enfocados en los de él.

—Ya veo. —Sus manos se deslizaron por su espalda hasta llegar a su culo desnudo y le dio una rápida palmada.

—¡Ay! —El cuerpo de Bella dio un tirón, y entrecerró los ojos en él en una mueca burlona.

—Acostúmbrate a ello. —Sus manos se deslizaron más allá de su culo a los labios de su coño. Sus dedos no fueron más lejos, persistiendo en su entrada, burlándose de ella—. Tal vez te llegará a gustar. Entonces tendré que cambiar a otra forma de castigo.

Bella le puso los ojos en blanco.

—Entonces, ¿qué te hizo cambiar de opinión?

Su mano dejó su entrada para alejar de su cara un mechón de cabello, metiéndolo detrás de su oreja. El gesto fue tan dulce e íntimo, que todo su cuerpo se calentó. Ella le dio un casto beso en los labios y luego esperó su respuesta.

—Porque me sentí miserable toda la semana luchando contra estos sentimientos que tengo hacia ti. Era más fácil cuando no estábamos viviendo juntos y solo charlábamos por teléfono, o por medio de correo electrónico, pero viéndote cada día fue más difícil de lo que jamás hubiera imaginado. Eres la dulce chica de la que amaba burlarme y gastarle bromas cuando éramos adolescentes, pero eres mucho más para mí ahora.

—Pero, ¿qué pasa con tu preocupación de que esto vaya a arruinar las cosas? —Ella no quería presionarlo o, Dios no lo quiera, darle una razón para cambiar de opinión, pero necesitaba saberlo.

—No eres solo otra chica para mí, Bella. No creo que pudiera soportar no explorar la atracción entre nosotros. Y nunca haría nada para hacerte daño.

La sonrisa de Bella se amplió; nunca se había sentido tan contenta o saciada en su vida. Si esto era un sueño no quería despertar.

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