Capitulo 3





Capítulo 3

La cena había sido divina. Edward era fácilmente el mejor cocinero que había conocido. No era de extrañar que no quisiera que ella preparara la cena. Mientras que él se metía a la ducha, ella procedió a lavar los platos y luego se dejó caer en el sofá, tomando el control remoto de la mesa de café.

Comenzó a pasar los canales hasta que llegó a un programa llamado El Juego del Amor, un reality show donde los concursantes eran encerrados en una casa con el objetivo de "conectar" y llevar a casa un gran premio. Era fácilmente su programa favorito y estaba esperando ansiosamente los resultados de eliminación de la semana pasada. Su favorito era un oficial de policía de Nueva York con el nombre de Jasper Whitlock. Era casi tan sexy como Edward… casi.

Notando que la cerveza de Edward apenas había sido tocada, la agarró y dio un largo trago, poniendo sus pies sobre la mesa de centro mientras se reclinaba en el sofá.

—¿Qué crees que estás haciendo?

Bella saltó en su asiento ante el sonido de su voz, tan absorta en el drama sucediendo en pantalla que ni siquiera lo había oído llegar por detrás de ella. Tomando otro trago de la cerveza, se dio la vuelta y lo vio venir alrededor del sofá y arrebatarle la cerveza de la mano.

»Tienes diecinueve Bella , la última vez que lo comprobé estaba en contra de la ley beber hasta que tengas veintiún años. —Bebió el resto y dejó la botella en la mesa de centro, dejándose caer a su lado.

—¡Esa es una gran estupidez , Edward!

—Es la ley. Además, era mi cerveza de todos modos.

Bella le puso los ojos en blanco y resopló, recostándose en el sofá, con los brazos cruzados sobre el pecho.

—Tan retrograda.

—Dame el control remoto. Tengo que ponerme al día con la cobertura deportiva del fin de semana. —Estiro la mano a la espera de que se lo diera.

—No. Ve a verlo en línea. Estoy viendo mi programa.

—Bella. —Extendió su mano con una pequeña floritura—. Control.

Girándose, así podía verlo de frente en el sofá, negó con la cabeza.

—No va a suceder. Yo no estoy viendo resúmenes deportivos, la gran eliminación se acerca. Puedes ver los resúmenes deportivos en línea, no puedo saber si Mason encuentra el amor, sin echar a perder todo el episodio.

Luchando por el control remoto y el canal de televisión, justo como en los viejos tiempos, pensó.

—Dámelo o te lo quito —regresó, sus ojos verdes enfocados en ella, su expresión en blanco.

Ella no podía decir si estaba verdaderamente molesto con su negativa a renunciar al control remoto o si estaba jugando con ella. De cualquier manera no le estaba dando el control remoto. Si la verdad fuese conocida, una parte de ella quería ver que haría si lo presionaba.

Avanzó lejos de él, sosteniendo el control remoto a su espalda.
Mordiéndose el labio inferior, negó con la cabeza, sus rizos oscuros volando alrededor de su cabeza.

—Entonces creo que vas a tener que quitármelo.

Su mirada sostuvo la de ella durante un buen rato, el silencio cayó sobre el apartamento. Sin previo aviso, se abalanzó sobre ella.

Ella gritó, sus ojos oscuros se abrieron por la sorpresa mientras se medio-deslizaba y medio-caía fuera del sofá. Poniéndose de pie corrió a su habitación, el control remoto aferrado fuertemente en su mano.

—¡Bella! —Él la alcanzó justo antes de llegar a su dormitorio. Agarrando su brazo, le dio la vuelta para mirarla de frente y la apretó contra la pared, su duro cuerpo presionado contra el suyo—. No hay manera de que vayas a ser capaz de conservarlo, así que renuncia.

Se había puesto un par de bóxers a cuadros y una camiseta y se diera cuenta de ello o no, podía sentir su polla, que estaba empezando a endurecerse a través de sus finas capas de ropa. Ella se retorció, rozando su ingle contra su semi-dura polla.

La mandíbula de Edward se apretó y el fuego estalló en sus ojos.

»Bella. Por favor.

Podía oír la tensión en su voz, y sabía que el "por favor" no era por el control remoto. Estaba luchando contra los mismos impulsos que ella. En un impulso, deslizó el control remoto en la parte delantera de sus pantalones de yoga y le dio una sonrisa descarada, sus ojos desafiándolo a tomarlo.

»Sácalo o tendré que sacarlo. —Se inclinó más cerca de ella, sus labios a unos centímetros de los suyos.

Podía oler la combinación de jabón y loción de después del afeitado sobre él; lo que la atormentaba, poniéndola dolorida por acercarse.

—¿Lo quieres? Entonces sabes dónde conseguirlo. —Trató de mantener su voz tranquila, pero podía oír la tensión en su voz, mezclada con su deseo incrementándose.

—No lo hagas, Bella. —Agarró sus manos, las levantó sobre su cabeza y aseguró sus dos pequeñas muñecas con una de sus manos mientras que la otra se deslizaba lentamente por su costado para descansar en su cadera.

—Entonces, aléjate, Edward. —Lo desafió. Miró hacia abajo y vio el masivo bulto, luchando contra el fino algodón. Cuando levantó la mirada y se encontró con la suya, el fuego dentro de sus ojos era tan intenso que su coño se apretó y podía sentir la humedad de su deseo extendiéndose entre sus piernas.

—Estás jugando un juego peligroso.

Ella no respondió.

»Será a tu manera. —Edward enganchó el pulgar en la cintura de sus pantalones de yoga y los corrió hacia atrás y adelante a lo largo de la cintura, de una cadera a la otra luego de vuelta al centro.

Ella se quedó sin aliento. Su cuerpo se tensó; la anticipación la estaba matando.

—Todo lo que tienes que hacer es tomarlo, Edward. No voy a detenerte.

—Esperó con la respiración contenida, quería con todo su corazón que él bajara sus labios a los de ella, la desnudara y metiera su polla dentro. ¿Cuántas veces había soñado con ese momento? Tantas que ni siquiera podía contarlas. Estaba avergonzada de admitir que incluso cuando estaba con otros hombres, siempre era a Edward al que veía en su mente.

Se quedó inmóvil por un momento, como si estuviera luchando contra su deseo. Finalmente, un bajo gruñido salvaje sonó desde el fondo de su garganta y su mano se deslizó hacia abajo.

Bella respiró hondo, su cuerpo tensándose aún más. Agarrando el control remoto, él lo deslizó desde dentro de sus pantalones y lo arrojó sobre la encimera detrás de él. Sus dedos volvieron a la cintura de sus pantalones y su dedo índice tiró del elástico, sus ojos se encontraron con los de ella.

Todavía podía detenerlo, podía decir que él estaba esperando a que ella protestara, pero no tenía ninguna intención de hacerlo. Se resistió suavemente contra su mano, instándolo a hacer lo que podía decir que estaba luchando por decidirse a hacer.

Rompiendo el contacto visual, Edward se inclinó hacia ella, sus labios rozando contra su sien mientras su mano se deslizaba lentamente por la parte delantera de sus pantalones para ahuecar su montículo.

—¿Esto lo que quieres, Bella? —Su voz era profunda, tensa, su aliento haciendo cosquillas al lado de su cuello y enviando un escalofrío de excitación a través de ella—. No creas que no sabía que utilizaste a Mike para darme celos. Tú misma te entregaste a él para llegar a mí. El hijo de puta me dio todos los jodidos detalles.

Ella gimió suavemente, cerrando los ojos y deslizándose contra su mano.

Él apretó su montículo.

»Dilo. Dime cuánto deseas que tu hermanastro te folle. ¡Dilo!

La forma en que lo dijo sonaba tan mal, pero Dios la ayudara si la excitaba más de lo que ya lo estaba.

—Sí. Por favor, sí.

Él gimió mientras separaba sus húmedos labios vaginales y deslizaba un dedo entre sus suaves pliegues.

—No es lo suficientemente bueno. Di las palabras.

Ella tragó el nudo formándose en su garganta; sabía lo que él estaba haciendo. Él quería que viera las consecuencias de lo que ella quería. Quería que las palabras la hicieran recobrar el sentido para que se alejara y así no tuviera que ser él el que rompiera el contacto. Pero ella conocía las consecuencias, equivocada o no, ella las conocía y lo deseaba. Había estado esperando durante tanto tiempo que no podía recordar un momento en que no lo deseara.

—Deseo que mi hermanastro me folle.

—Ahhhh joder, Bella. —Metió dos dedos entre sus pliegues y comenzó a acariciar la longitud de la raja de su culo a su clítoris, con cada caricia rozando su hinchado clítoris—. Tan jodidamente mojada para mí. Esto no está bien. Maldición esto es exactamente lo que he estado tratando de evitar que sucediera. Pero te deseo. No tienes idea de cuánto. La única mujer que he deseado más que a ninguna otra, es la única a la que no puedo tener.

Una oleada de emoción corrió a través de ella, lo había admitido. ¡La deseaba!

—Puedes. Dios, Edward, puedes.
A pesar de sus palabras no se detuvo, en lugar de eso presionó sus dedos medio e índice en su entrada y lentamente entró en ella. Ella gritó, yendo en contra de su mano y moviéndose contra la mano que sostenía sus muñecas.

Sus dedos acariciaron su pared interior, justo en el lugar correcto para enviar ola tras ola de placer fundido a través de ella.

»Por favor, Edward, necesito tocarte. —Ella se movió contra él, desesperada por tocar su musculoso cuerpo y correr sus dedos a lo largo de los contornos de músculos.

—No. —Él rozó sus labios a lo largo del costado de su cuello y ella gimió. La anticipación se estaba volviendo demasiado, el sondeo de sus dedos fallándola era demasiado bueno—. ¿Vas a correrte para mí, Bella ? Déjame sentir tu coño explotar sobre mis dedos.

Ella gimió, su cuerpo girando contra la pared y su cuerpo.
—Sí, oh Dios, sí, Edward. —Se resistió con más fuerza contra su mano. ¿Por qué la torturaba? Él deseaba lo que ella deseaba, estaba segura de ello ahora. Sus manos en puños por encima de su cabeza, mientras se preparaba para el inminente orgasmo.

»¡Oh Edward!

—Dios mío, tan húmeda y apretada para mí. No tienes idea de lo mucho que deseo sentirte.

Sus palabras la llevaron al borde del abismo. Ella se mareó y gimió su placer mientras caía sobre el borde de su deseo. Su coño se apretó alrededor de sus dedos mientras una inundación de su néctar saludaba sus juguetones dedos. Se estremeció, sus rodillas debilitándose bajo ella y por primera vez desde que la tocó, atrapándola, estaba agradecida por su mano fijándola contra la pared.
Su frente cayó en su hombro, y ella trató de recuperar el aliento y despejar las telarañas que nublaban su mente.

—Nunca he deseado tanto a nadie, Edward—susurró, no estaba segura si incluso había dicho las palabras en voz alta—. He deseado esto por tanto tiempo.

—¿Estás bien? —Él le soltó las manos y la atrajo a sus brazos.

Deslizando sus brazos alrededor de su cintura ella asintió, disfrutando de la sensación de su cuerpo presionado firmemente contra el suyo.

»No podemos hacer esto, Bella —susurró, acariciando su cabello mientras continuaba sosteniéndola con fuerza.

Con el ceño fruncido, se echó hacia atrás para mirarlo a los ojos.

—Pero, ¿por qué? Realmente no somos hermanos. Solo por el matrimonio de nuestros padres. ¿Por qué no?

—No me importa que nuestros padres estén casados, no es eso lo que me preocupa. —La tristeza se mezcló con el hambre en sus ojos. Edward le tocó la mejilla, pasando su pulgar por su labio inferior—. Porque te amo demasiado como para arruinar lo que tenemos. Si las cosas no funcionaran... —Negó con la cabeza—. El sexo tiene una manera de arruinar las cosas.

Para él, tal vez. Pensó en el pasado y no pudo nombrar a una sola chica con la que hubiera estado en una relación a largo plazo. Nunca dejaba que las mujeres se acercaran lo suficiente como para que hubiera algo que arruinar cuando se separaban.

—Pero, ¿qué pasa si funciona? —protestó—. No lo sabremos hasta que lo intentemos. —¿Cómo podía tenerlo y luego perderlo en pocos minutos?

—Bella, escucha, no estoy dispuesto a correr ese riesgo. No debí dejar que las cosas fueran tan lejos, como lo hicieron. Es solo que... me vi envuelto en el momento. —Hizo una mueca—. Dios, te he deseado por tanto tiempo. —Suspiró—. Lo siento, Bella. Esto no puede pasar.

—Edward, por favor. Pero, yo…

—Lo siento, Bella. Mejor simplemente hacemos como que esto nunca sucedió.

El corazón de Bella se hundió. Olvidar lo que pasó entre ellos era lo último que quería hacer.





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