Capitulo 2






Capítulo 2

—Sí, madre. Por supuesto que sí —gimió Edward para sus adentros y le puso los ojos en blanco a Bella mientras continuaban su paseo por los jardines públicos de Boston. Los jardines eran hermosos y la fragancia que los rodeaba embriagadora, sobre todo en esta época del año cuando todas las flores estaban en plena floración.

Bella se rio.

Sí, apesta articuló para ella. Ella le sacó la lengua a cambio.

—¿Estás haciendo que se sienta como en casa? —le preguntó su madre desde el otro lado del teléfono celular.

—La estoy tratando bien. Está instalada y la estoy llevando a dar un paseo por los jardines mientras hablamos —le respondió a su madre. Bella se rio de nuevo—. De hecho, ¿por qué no le preguntas tú misma?

Los ojos oscuros de Bella se abrieron y negó con la cabeza, sus rizos oscuros azotando su rostro. No, no, no. No me hagas hacerlo, le murmuró, alejándose de él y agitando las manos delante de ella.

Vio como ella giraba y se metía en una de las parcelas. Ella y su madre se llevaban de maravilla, pero al igual que él, sabía que una vez que estuviera hablando por teléfono con su madre sería una larga conversación.

»Oh, acabo de perderla mamá, desapareció en una de las parcelas. Mira, tengo que dejarte y encontrarla antes de que se meta en problemas.
Suspiró con alivio cuando su madre le permitió terminar la llamada telefónica de media hora de duración y se metió el teléfono en el bolsillo trasero de sus jeans. Se dirigió a la parcela en que Bella había desaparecido. En el centro de la parcela estaba una gran fuente con dos cisnes mirándose de frente el uno al otro con agua brotando de sus picos.
Las paredes de la parcela estaban cubiertas de vegetación, pequeñas flores blancas asomando esporádicamente en medio del mar verde. La pequeña parcela de veinte por veinte parecía estar demasiado fuera de lugar en el centro de Boston, a tal punto que casi se podía olvidar que estaba dentro del mismo centro de una gran y bulliciosa ciudad.

Edward se encontró con Bella en la parte trasera, encaramada en el borde de una banca de cemento, sus ojos observando el agua, mientras caía en cascada por los lados de la escultura. Los rayos del sol convertían las gotas de agua en lo que parecían ser brillantes diamantes mojados.

—¿No es hermoso?

Su polla se removió en sus pantalones mientras les permitía a sus ojos el lujo de observar cada centímetro de su cuerpo y la forma en que el vestido de verano que llevaba abrazaba sus curvas a la perfección. Finalmente asintió.

—Lo es. —Los jardines estaban inusualmente tranquilos esta tarde, tal vez era la calma después de la cena, difícil de decir, pero en ese momento la necesidad de rodearla con sus brazos y besarla era inusualmente fuerte.

Los dos últimos días habían sido una agonía para él. Ella parecía haber florecido de a cómo él la recordaba; toda su actitud ahora parecía gritar sexo y sensualidad. Sin exagerar, pero lo suficiente para hacer que él la deseara. Sabía que tenía que encontrar una manera de lidiar con sus sentimientos, no tenía ninguna idea de cómo.
Para empeorar las cosas, si no la conociera, parecería que ella estaba tratando de incitarlo. Estaba caminando por el apartamento con solo una toalla en las mañanas. O usando una camiseta de talla extra grande sin pantalones. En una ocasión se había inclinado delante de él y había recibido una visión completa de sus bragas de encaje negro que cubrían su apretado, redondo y perfecto culo. Si su plan era volverlo loco lo estaba haciendo de maravilla.

Dándole una sonrisa, palmeó el espacio vacío a su lado.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

Edward frunció el ceño mientras se sentaba a su lado.

—Si estás pidiendo permiso para hacer una pregunta, sospecho que es una pregunta que no voy a querer responder.

—Tal vez. —Se encogió de hombros—. Tal vez no. Pero estoy un poco curiosa sobre algo.

—Está bien.

Ella se mordió el labio inferior, atrayendo sus ojos a sus labios, ligeramente abrillantados con bálsamo labial de cereza.

—¿Por qué nunca en tu vida has tenido una relación?

Él arqueó una ceja hacia ella.

—¿Eh?
—Quiero decir, como, todas las chicas. ¿Por qué todas las chicas? Es como un desfile de mujeres con todas las que has estado. ¿No quieres algo más significativo?

—Dios, Chirridos. —Se metió la mano en el cabello no estando seguro de cómo responder eso—. ¿Quieres la verdad?
Ella rio.

—No, quiero que me mientas. —Dio a su brazo una palmada juguetona—. Por supuesto que quiero la verdad.

—No lo sé.

—Vamos —dijo ella, empujando su rodilla con la suya—. Suéltalo.

—Realmente no lo sé…

—Todo el mundo tiene una estrategia en la vida para todo lo que hacen, lo sepan o no.

Él levantó una ceja hacia ella.

— ¿Es así?

—Lo es.

—¿Estás siendo la estudiante destacada, como de costumbre, y has estado leyendo los libros de texto de psicología antes de tiempo? —Una sonrisa arrogante se expandió en sus labios—. ¿Soy una especie de proyecto de prueba para ti?

Riendo ella negó con la cabeza y, a continuación, apartó de sus ojos un mechón de cabello oscuro.

—No, listillo. Si quieres saberlo, es algo que el Dr. Phil dice. No es una cita directa ni nada, no puedo recordar la forma exacta en que lo dice, pero esa es la broma en ello.

Una carcajada brotó de él.

—Dr. Phil, ¿eh?
—Sí. Pero nos estamos desviando. ¿Por qué vas a través de las mujeres como lo haces?

Su sonrisa se desvaneció. Cuando los chicos bromeaban con él sobre eso, todo era diversión y juegos, pero ser llamado alguien con comportamiento perruno por Bella era algo vergonzoso.

—Supongo que eso… —Se pasó la mano por el cabello otra vez, sin saber cómo responder—. Solo no he estado con alguien que me haya mantenido interesado más allá de eso, ya sabes. —Y era la verdad; no jugaba intencionalmente el juego de cita y desaparece, eso solo sucedía.

— ¿Alguna vez se te ocurrió que quizá estás saliendo con el tipo equivocado de mujer?

— ¿Qué quieres decir?

Ella puso los ojos en blanco, y luego comenzó a girar un mechón de cabello alrededor de su dedo índice, hinchando su pecho.

—Ah, bueno, como, uhm. Ya sabes. Como. Chicas sin cerebro, pero grandes tetas.

—¡Oye, eso no es justo!

Bella le dirigió una mirada dudosa.

»No todas tienen grandes tetas. Estoy contento con cualquier tamaño, muchas gracias.

Riendo, ella le dio un empujón en su hombro.

—Eres un idiota.

—Dijiste que querías honestidad. Estoy siendo honesto.
Una vez que su risa se detuvo, su expresión se puso seria de nuevo.

—Honestamente, sin embargo. ¿Por qué las mujeres? Tome a esa chica que tenías en tu casa cuando llegué por ejemplo.

—No soy tan malo como solía ser. —Cuando ella siguió mirándolo escéptica, añadió—: Honestamente, Bella. —Estaba seguro que no estaba a punto de decirle la verdadera razón por la que había tenido allí a Tanya, para tratar de sacarla de su mente. Tal vez tenerla mudándose con él era una mala idea, pero ¿qué otra opción tenía? Bella era una de las personas más trabajadoras y dedicadas que había conocido en su vida, no, no podía no hacer lo que pudiera para hacer su vida más fácil.

Su expresión se volvió seria y puso su labio inferior entre los dientes de nuevo.

—¿Entonces por qué no considerar a alguien que pudiera mantener tu interés? Tu polla no siempre tiene que hacer la elección ya sabes. Considerar tal vez a alguien que pueda ser una amiga también.

Maldición, la forma en que ella lo estaba mirando, sus ojos oscuros parecían estar haciendo alusión a algo. Si no la conociera pensaría que quería que la besara. Y maldita sea estaba tentado. Su polla se estaba volviendo muy molesta, si pudiera estaría haciendo volteretas en sus pantalones, pero no podía, así que se conformó con un dolor incómodo en su lugar.

Ella se pasó la lengua por el labio inferior y él estaba a segundos de decir "que se joda todo" y reclamarla para sí mismo, ser condenado a las consecuencias, pero justo cuando estaba a punto de hacerlo, una pareja de ancianos entró en la parcela y justo así el momento había terminado. Se echó hacia atrás y suspiró.



Bella 



Al día siguiente, Bella estaba enloqueciendo sola en la casa.
Había pasado la mañana explorando Boston y las instalaciones de Cambridge para distraerse y familiarizarse con el campus antes de que comenzaran las clases, pero ahora que se hallaba de regreso en el apartamento, esperando que Edward regresara a casa, estaba enloqueciendo. Su mente seguía volviendo a pensar en él en los jardines. Había estado tan segura de que iba a besarla, tan segura y luego la pareja de ancianos apareció. Los “qué pasaría si” la estaban matando.

Miró el reloj digital de la cocina, faltaba una hora para que Edward llegara a casa. Necesitaba relajarse antes de que llegara. Entrando de prisa en su dormitorio, se arrodilló al lado de la cama y sacó la maleta de debajo de ella. Abriendo el cierre, metió su mano dentro del bolsillo interior y sacó su conejo. Estaba agradecida de que fuera precavida para traer con ella su vibrador rosa.

—No salgas de casa sin él —le murmuró a la habitación vacía mientras se deslizaba fuera de sus pantalones de yoga y bragas, y saltaba sobre la cama. Recostada, encendió el conejo. Zumbó suavemente, la parte del pene girando mientras que las orejas del conejo vibraban.

Extendiendo sus piernas, insertó el juguete y lo ajustó hasta que las orejas de conejo vibraron apretando su clítoris.

 De inmediato, se le escapó un gemido bajo mientras cerraba sus ojos y dejaba que las sensaciones se precipitaran sobre ella. Imaginó a Edward, su poderoso cuerpo desnudo, acostado junto a ella. Se retorció contra el juguete vibrador, su excitación aumentando rápidamente.

Imaginó que el juguete no era en lo absoluto un conejo, sino sus manos. Sus dedos acariciando su pared interior mientras su pulgar frotaba su clítoris.
Su boca estaría explorando cada centímetro de su cuerpo, sus labios y su lengua provocando su cuello y bajando por su clavícula.

Se movió y se agitó contra el juguete, aplicando un poco más de presión en su clítoris. Gimió un poco más fuerte, imaginando la sensación de su duro cuerpo contra el de ella.

—Ummm. ¡Oh, Edward!

Arqueó su espalda mientras se acercaba al borde. Aumentó la intensidad del conejo, imaginando que eran sus dedos acariciándola más fuerte, más rápido. Gimió, su pulso acelerado.

Cerca, tan cerca.

Se agitó más fuerte y movió sus caderas más rápido, sacando y metiendo el juguete a un ritmo frenético, ruidos muy ligeros de golpes húmedos sonaban mientras sus jugos recubrían el juguete y comenzaban a gotear de ella. Su cuerpo daba vueltas, subiendo en espiral, preparándose para su liberación.

—Oh Dios, fóllame. Ohhhhh. —Una última oleada de placer se precipitó a través de ella mientras su coño se apretaba alrededor del juguete unos segundos antes de su gloriosa liberación, cubriendo el juguete con sus jugos.

Estaba disfrutando de la última oleada del orgasmo cuando oyó la llave en la cerradura de la puerta del apartamento.

Sus ojos se abrieron y giró su cabeza para ver el pequeño reloj despertador de color negro sobre su mesita de noche.

— ¡Mierda! —Estaba en casa temprano, y la puerta de su dormitorio, la cual daba hacia la puerta principal, estaba abierta.
Sacando el conejo de su coño, se puso de pie y corrió hacia la puerta de su dormitorio, cerrándola justo cuando Edward abría la puerta principal. Apoyándose contra la puerta del dormitorio, dio un suspiro de alivio. Estuvo cerca… muy cerca.

¿Habría sido tan malo?, preguntó una voz en la parte trasera de su cabeza. No lo sabía, pero si era malo, entonces nunca sería capaz de mirarlo a los ojos de nuevo. Y quién sabía, incluso puede no hubiera estado. No, decidió, habría sido muy malo si la atrapaba.

Se rio cuando recordó que el conejo seguía zumbando en su mano.

—Bella, ¿estás en casa?

—Sí. Estoy vistiéndome. Enseguida salgo. —Apagando el juguete, abrió un paquete de toallitas antibacteriales y limpió su crema del juguete antes de guardarlo de nuevo en su maleta y meterla debajo de su cama.

Agarrando sus pantalones de yoga, se los puso sin molestarse con sus bragas, en vez de eso, las pateó debajo de la cama, demasiado ansiosa por ver a Edward como para molestarse en ponérselas. Además, todavía estaban húmedas con la evidencia de su excitación.

Mirándose en el espejo del tocador, hizo una mueca. Su rostro estaba ruborizado y su cabello parecía como que acababa de conseguir una magnifica follada. Rápidamente pasó sus manos a través de sus rizos sueltos, tratando de ponerlos en orden palpándolos.

Tomando una respiración profunda, la soltó lentamente y abrió la puerta de su dormitorio.

—Te tomó bastante tiempo. —Edward la miró desde su asiento en el centro del sofá, todavía con su uniforme, una cerveza en una mano y el control remoto en la otra—. ¿Qué quieres de cenar? —Encontró el canal que buscaba, uno de deportes pasando los mejores momentos de los juegos del fin de semana, y dejó caer el control remoto sobre la mesita delante de él.

Bella se encogió de hombros.

—Lo que sea. Yo la haré ¿Qué quieres? —Comenzó a dirigirse a la cocina y estaba a mitad de camino antes de que escuchara a Edward  siguiéndola.

—No, no. Yo puedo preparar la cena. —Corrió pasándola y llegó a la cocina antes que ella.

Apoyándose contra el marco de la puerta de la cocina, Bella cruzó los brazos sobre su pecho, entrecerrando sus ojos.

—No quieres comer mi comida, ¿verdad?

Abriendo el refrigerador, Edward se inclinó para juntar algunos ingredientes, dándole una vista de su duro trasero en su uniforme. A pesar de que acababa de haberse masturbado, se dio cuenta que su entrepierna comenzaba a latir. Los policías la excitaban independientemente de quiénes eran, pero Edward... era como poner un bistec crudo frente a un león hambriento. Había pasado un tiempo desde que había estado con alguien, de todos modos, no era como si durmiera con cualquiera; pero se había abstenido de los hombres simplemente porque sabía que iba a mudarse y no quería lidiar con la angustia de dejar a alguien a quien era cercana.

—No dije eso. —Enderezándose, tenía un puñado de verduras y un plato con dos filetes.

—Entonces déjame cocinar y ve a relajarte. —Entrando en la cocina, trató de quitarle la bolsa de verduras mixtas, pero él se mantuvo firme—. Eres quien trabaja todo el día, no yo.

—¿Y si hacemos esto y cocinas mañana a la noche?

Bella chasqueó su lengua, considerándolo.

—He mejorado, sabes.

—No dije que fueras mala. —Se dio la vuelta y depositó la comida sobre la encimera.

No lo dijo, pero sin duda lo insinuó, ¿por qué más rechazaría el ofrecimiento?

—Está bien. Mañana será mi turno. ¿Prometido? La miró y le dio un guiño.

—Prometido.


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