Capitulo 4






Capítulo 4

Una semana después.

 Edward

Guau, no has estado aquí por un tiempo, hombre. ¿Qué pasa?

Edward suspiró, pasándose una mano por el cabello mientras se sentaba en un taburete junto a su compañero de patrulla y oficial superior, Emmett Mccarty.

—Es solo… Mierda. Es complicado.

—¿Qué puedo traerles? —Edward levantó la mirada para ver al camarero inclinado sobre la barra esperando para tomar su orden. Estaba a punto de ordenar una cerveza cuando se dio cuenta que quizás ir a casa borracho no era una buena idea. Sabía que Bella  no se iba a dar por vencida, era difícilmente una desertora cuando se trataba de algo que quería, especialmente desde que conocía su secreto, que la deseaba tanto como ella lo deseaba. Intentó tan condenadamente mantener su atracción hacia ella en secreto durante años, porque no quería que pensara que había una razón para seguir luchando por su afecto. Esperaba que hubiera perdido interés en él, pero no lo había hecho, y tampoco él en ella. Era un jodido desastre que ya estaba causando tensión entre ellos. En el par de breves instantes que habían estado juntos en la misma habitación durante la última semana, la tensión era tan espesa que era sofocante. Se veía tan malditamente triste que era como un cuchillo clavado en su estómago cada vez que estaba cerca de ella.

—Solo un vaso de agua helada.

—Mejor ve más lento compañero, no quieres que te cargue fuera de aquí —bromeó su compañero, tomando un trago de su botella de cerveza.

—Bueno, alguien tiene que estar lo suficientemente sobrio para llevar tu borracho culo a casa, Mccarty.

Emmett resopló:

—Nah… no te preocupes por mí, hombre. —Giró en su taburete y empezó a escanear la multitud del bar—. Planeo ir a casa con uno de estos  pedazos de culos calientes está noche.

—El agua va por la casa. —El camarero pasó el vaso de agua a Edward e inmediatamente concentró su atención en el siguiente cliente.

Edward había estado evitando la casa y a Bella por una semana, desde el día que la folló con los dedos, levantándose antes de ella y yendo a trabajar más temprano y llegando a casa tarde. Su mente seguía corriendo de vuelta a lo sensible que era su cuerpo ante su toque, y a lo húmeda que había estado por él. Lo mucho que lo había deseado. Lo estaba volviendo loco y tenía una erección que no bajaba. ¡Nunca se había masturbado tanto en su vida! Se sentía como si estuviera usando Viagra de forma permanente.

Incluso después de estar lejos de ella por un año, seguía bajo su piel y no tenía idea de qué hacer al respecto.

—¿Qué ha estado sucediendo contigo durante toda la semana de todas maneras?

Edward giró en su taburete y apoyó los codos hacia atrás en la barra, escaneando a la multitud con su amigo, no es que tuviera algún interés. A pesar de lo caliente que estaba, la idea de follar a cualquier mujer que no fuera Bella era impensable para él ahora que la había sentido temblar contra él. Había pasado años intentando sacarla de su mente follando con otras mujeres, nunca funcionó. Solo un alivio temporal.

—He estado preocupado.

—¿Tú hermana se mudó?

—Sip.

—Así que, uhm. ¿Está buena? ¿Soltera?

El sonido de sus suaves gemidos hizo eco en sus oídos.

—Sí, es soltera y es una chica guapa. —Se encogió de hombros.
Emmett le dio un codazo en el hombro.

—Quizás deberías presentarnos.

—No —respondió Edward un poco demasiado brusco y rápido, y esperó que Emmet estuviera lo suficientemente borracho para no darse cuenta de la ansiedad que le traía el tema.

—Hmmm. Aunque no son realmente hermanos. Sus padres se casaron cuando ustedes eran adolescentes, ¿cierto?

—Sip —suspiró Edward, salir al bar fue una mala, mala idea. Pero no tenía otro lugar a dónde ir. Al menos cuando eran adolescentes vivían en una casa enorme, ni siquiera tenían que verse entre sí, si no querían. Pero este pequeño apartamento los ponía muy cerca.

Se encogió de hombros volviendo su total atención hacia Edward.

—Entonces si tú y ella quisieran…

—No. No, no podríamos. —La mandíbula de Edward se apretó mientras fingía estar interesado en la gente en la pista de baile.

—Hmmm.
Ahhh, joder. Emmet había sido compañero y mejor amigo de Edward por un poco más de un año, y mentirle no era lo más fácil de hacer. Por la expresión en el rostro de Emmet, estaba claro que ya estaba entendiendo la razón de su ansiedad.

Edward se tomó un momento para evaluar lo intoxicado que estaba su compañero antes de continuar la conversación. Determinado a que Adam solo recordaría un mínimo de su conversación, decidió compartir los sentimientos con los que había estado luchando durante días.

—Bueno. Hipotéticamente hablando. ¿Qué pasa si permití que algo pasara? ¿Qué entonces?

—¿Sexo genial? —Sonrió Emmett, dándole a sus cejas un meneo—. Sexo genial sin condón incluso. Oh hombre. Me encantaría tener una chica con la que no tuviera que envolverlo.

Edward resopló.

—Quiero decir…

Emmett se dio la vuelta para enfrentarlo.

—Escucha, Edward. Ya no estás en Bangor. Nadie aquí la conoce o a ti para el caso. Son hermanos solo por matrimonio y no es como si tuvieras que ir presentándola como tu hermana/novia.

—¿Qué pasa si no funciona? Una vez más, hipotéticamente hablando.

—No es como si ella fuera alguna chica que estás recogiendo en un bar y que vas a follar por un rato y tirar a la acera cuando te aburras.
—Emmett se encogió de hombros tomando un trago de su cerveza—. Habla con ella, ve donde está. Si hay sentimientos entre ustedes no puedes seguir evitándola e ignorándolo, esperando que desaparezca.

Edward asintió.
»Y para que conste, esta es solo mi segunda cerveza, idiota. Recordaré cada palabra de esta hipotética conversación llegado el lunes por la mañana.

Edward hizo una mueca mientras se ponía de pie.

—Claro. Genial.

—Solo hazme un favor y cuando vuelvas a trabajar el lunes en la mañana esta mierda que tenía jodida tú cabeza estará aclarada. No me siento con ganas de recibir un disparo en el cumplimiento del deber porque mi compañero no tiene suficiente sentido común para follar a una mujer que desea y es correspondido.

—Sip. —Asintió con la cabeza hacia el grupo de mujeres bailando en la pista de baile que Emmet había estado mirando desde que él entró—. Buena suerte.

Dándole a Edward un guiño, se levantó.

—No la necesito, amigo. Pero gracias. —Tomando el trago final de su cerveza Emmet se paseó en dirección a las mujeres.



Bella

El sonido de la puerta del apartamento abriéndose despertó a Bella. Tuvo la tentación de salir y confrontar a Edward debido a sus evasiones de la semana pasada, pero su parte obstinada se negó a dejarla. Si quería hablar con ella entonces él podría ir a ella. En cambio, tiró de la manta apretándola más contra su barbilla y trató de volver a dormir.

Un suave golpe sonó en la puerta de su dormitorio. Su ritmo cardíaco se aceleró y se acurrucó más profundamente en las mantas.

—¿Bella? —Hubo una pausa, seguido por el sonido de la puerta abriéndose. Otra pausa seguida de pasos entrando en la habitación—. ¿Bella?

Abriendo los ojos notó una luz entrando por la puerta abierta iluminando su silueta en la cama. Giró sobre su espalda y se sentó.

—¿Sí, Edward?

—¿Podemos hablar? —No esperó a que ella respondiera; en su lugar terminó cerrando la distancia entre ellos y se sentó a un lado de ella en la cama.

Ella se deslizó por encima, intencionalmente dejando caer la manta para revelar la satinada seda roja.

—¿Qué quieres, Edward?

—Creo que tenemos que hablar de lo que pasó entre nosotros la semana pasada.

Se retorció inquieta, mirando hacia abajo en su regazo, a sus manos juntas frente a ella.

—Te deseaba. Me rechazaste. No hay nada más que decir.

Él se pasó una mano por el cabello y sus ojos cayeron hacia su pecho. El escote hundido peligrosamente bajo y la luz entrando en el dormitorio remarcaban sus grandes pezones oscuros debajo de la satinada seda roja.

Edward cerró los ojos un momento, respiró hondo y exhaló lentamente. Sabía que tenía que mantener la cabeza clara, pero maldita sea, era difícil.

—Siento haberme ido de esa manera, Bella. Eso no estuvo bien de mi parte.

—¿Entonces por qué lo hiciste? Sabes cuánto te deseo.

—Me tomó por sorpresa. —Se encogió de hombros y le dio una sonrisa ladeada—. Me prometí que no volvería a permitir que las cosas fueran allí entre nosotros. Supongo que una parte de mí esperaba que en el último año cualquier cosa que fue o es entre nosotros, no estaría allí por más tiempo.

—Empecé a pensar que también me deseabas, hasta hace unos días.
—Ella tuvo la tentación de cubrirse, asustada de otro rechazo, pero su parte obstinada se negó a dejarla. Si él iba a rechazarla, entonces tenía que hacerlo sentir tan incómodo como ella se sentía.

—Ah Bella, te deseo. No tienes idea de lo difícil que fue para mí alejarme. No ha habido nadie que haya deseado más. He estado pensando un poco y, ¿quieres saber por qué he pasado la mayor parte de mi vida teniendo citas y terminando relaciones?

Ella asintió.

»Debido a que a la única mujer que realmente deseaba, no la podía tener. Creo que tal vez una parte de mí esperaba que finalmente esto fuera a pasar.
La mirada de él cayó en sus labios; anhelaba besarlo y presionar su cuerpo contra el de él. Estaba tomando cada gramo de su fuerza de voluntad el contenerse.

—¿Y ahora qué? —preguntó finalmente, su voz apenas más que un susurro, tratando de no hacerse esperanzas, insegura de si podría soportar  otro rechazo.

Sorprendentemente, él no respondió con palabras, en lugar de eso tocó suavemente un lado de su rostro, trazando su mandíbula con el dedo índice. Su respiración se contuvo; una parte de ella temía que todo esto fuera solo un sueño, y que, en cualquier momento se despertaría y él habría desaparecido.

Él bajó su boca, rozando sus labios con los de ella. Sus labios la tocaron tan suavemente que apenas creía lo que estaba ocurriendo. Él se retiró un poco, sus labios a unos centímetros de distancia, sus respiraciones entremezclándose y respirando al unísono.

»Prométeme que no te irás esta vez —murmuró mientras los labios de él tocaban los suyos otra vez.

—Lo prometo. —La besó con más fuerza, con más pasión.

Ella sintió la convicción en su voz y en su beso. Tranquila, dejó ir sus dudas y dio rienda suelta a los sentimientos que provocaba en ella. Bella gimió suavemente, sus labios abriéndose e invitándolo a entrar.

»Tan hermosa —susurró, profundizando el beso y deslizando su lengua entre sus labios en busca de la de ella, mientras suavemente la empujaba contra la cama.

Las manos de Bella se deslizaron alrededor de él, aferrándose a él mientras su cuerpo eclipsaba el de ella. El olor de su loción de afeitar derivó hacia ella, aumentando su deseo y la necesidad de estar cerca de él. Cada vez que su lengua la tocaba, una nueva oleada de emoción y placer fluía a través de ella, intensificando las pulsaciones entre sus piernas.

Esto era un sueño, tenía que serlo. Pero no le importaba, en ese momento él era suyo.

Edward quitó la manta y separó sus piernas, acomodándose entre ellas. La cresta de su polla presionó entre ellas, mientras ella se retorcía debajo de él, disfrutando de la sensación del roce de la tela contra su clítoris.

Pero quería más, necesitaba más.

Sus manos se deslizaron hasta la parte inferior de la camisa y tiró hacia arriba, sintiendo debajo, el músculo bien definido.

—Deja que te ayude con eso —murmuró él, retirando sus labios de los de ella y sentándose sobre sus talones. Agarrando la parte inferior de su camisa, tiró de ella hacia arriba y sobre su cabeza, arrojándola al suelo.

La corriente de luz radiante desde la otra habitación marcaba sus magníficos torso y pecho.

—Me encanta tu cuerpo, Edward. Tan increíble. —Bella se incorporó y besó su pecho, deteniendo sus manos sobre el músculo, el cual se flexionó bajo su tacto. Su cuerpo se tensó cuando sus dedos encontraron la hebilla de su cinturón. Rápidamente desabrochó su cinturón y luego los jeans, tirando de la cremallera.

Enganchando sus pulgares en la cintura de sus jeans, les dio un tirón, dejándolo en calzoncillos. Su erección presionó contra el algodón cubriéndolo, tentándola. Moviéndose sobre la cama así ella estaba de rodillas, bajó sus calzoncillos, agarrando su polla desde la base.
Edward respiró hondo, y una suave sonrisa tocó los labios de ella. Le encantaba el efecto que estaba teniendo en él. El mismo efecto que él tuvo sobre ella varios días antes.

Mientras lo acariciaba, una porción de semen brotó en la punta de su polla. Inclinándose hacia adelante, lo retiró de su polla usando su lengua.

—Ahhhh, Bella. —La mano de Edward se deslizó en su cabello, empuñándolo.

—Mmmm. Sabes bien. —Ella levantó la vista, sus ojos se encontraron y lamió la punta de su polla por segunda vez.

Una sonrisa levantó las comisuras de los labios de Edward  ante el comentario. Sus caderas se sacudieron suavemente, provocando que ella lo tomara aún más profundo.

—Entonces, todo esto significa...

Ella lengüeteó la punta de su polla de nuevo y luego rodeó la cabeza antes de tomarlo en su boca.

»¡Oh Dios, Bella!

Ella liberó su polla, sacándola de su boca y corrió su lengua por la parte inferior de él hasta que llegó a sus bolas. Suavemente tiró de la primera bola en su boca, chupando suavemente y luego la segunda, acariciando su eje mientras chupaba.

La tensión en el cuerpo de él aumentó y su respiración se hizo más rápida, la mano en el cabello de ella, empuñándola aún más fuerte que antes.

Liberando la segunda bola, pasó la parte de atrás de su lengua por toda su longitud hasta que llegó a la cabeza. Bella arremolinó su lengua a lo largo de la esta, y luego tomó la polla en su boca, hasta que tocó la parte posterior de su garganta. El suave gemido de Edward estaba alimentando su necesidad, y sus jugos estaban saturando la delgada tela satinada que estaba usando.

Incapaz de tomar toda la longitud en su boca, agarró la base y comenzó a mover la boca y la mano en perfecta armonía. Cada vez que llegaba a la punta de su polla, arremolinaba su lengua por la punta, lamiendo y tragando cualquier líquido pre-seminal que estaba emergiendo.

La tensión construyéndose entre sus piernas era tan intensa que apenas podía controlarse a sí misma, y necesitaba alivio. Abriendo las piernas más ampliamente Bella deslizó su mano entre sus piernas, trabajando sus dedos debajo de la tela. Un suave gemido tocó sus labios mientras sus dedos se ponían en contacto con su tierna carne húmeda. Abriendo los labios de su coño, encontró su palpitante clítoris. Mientras continuaba lamiendo su polla, se acarició hinchado su clítoris.

»Oh, maldición, Bella. Reduce la velocidad o me voy a correr. —Su voz era tan espesa y llena de deseo que envió un escalofrío por su espalda, y su coño se apretó.

Esa es la idea, pensó, aunque no pudiera expresarlo. Aumentó sus esfuerzos, acariciándose a sí misma y jugueteando con su polla. Entre más rápido y más duro trabajaba su polla, más duro él empujaba contra su boca, hasta que ya no fue capaz de chuparlo, dado que él estaba follando su boca.

Ella gimió alrededor de su polla, haciéndolo gemir a cambio.

Vibraciones comenzaron a correr a través del cuerpo de su cuerpo, explotando entre sus piernas. Estaba cerca, tan cerca. Cuanto más se acercaba, más rápido y más duro trabajaba su polla. No quería correrse hasta que él lo hiciera, pero se estaba volviendo difícil contenerse. Las sensaciones se estaban poniendo cada vez más intensas. Ella se tambaleaba hacia el borde, a segundos de distancia.

»Bella. Por favor. Estoy… —Ni siquiera pudo terminar la frase. Sus caderas empujaron con fuerza contra su boca mientras el primero de varios chorros de su semen, comenzaban a llenarla.

Dios, ¡Oh Dios! El caliente líquido salado llenando su boca la envió en espiral sobre el borde de su deseo. Gimió mientras su cuerpo se tensaba y el dulce placer de su propio orgasmo se precipitaba a través de ella.

»Mmmm.

Removiendo la mano de su clítoris, dejó a su agotada polla deslizarse fuera de sus labios y lo miró con ojos aturdidos y llenos de lujuria, su corazón latiendo rápidamente dentro de su pecho. A pesar de su orgasmo, su coño seguía palpitando por ser llenado, palpitando por él.

»No tenías que hacer eso —dijo él mientras tomaba su barbilla en su mano y bajaba sus labios a los de ella.

—Quería hacerlo.

—Mmmm, Bella. Las cosas que voy a hacerte.

Un escalofrío de emoción corrió por su espalda, apenas podía esperar.

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