Capitulo 1
Presente
Bella
La emoción pasó a través de Bella mientras levantaba su puño, a punto de
llamar a la puerta del apartamento de Edward, su hermanastro. En un par de
semanas, estaría empezando las
clases en Cambridge, y estaba muy abrumada. Sin
embargo, tenía un pequeño problema; no tenía un lugar para quedarse, ya que
todos sus fondos iban hacia sus libros. Afortunadamente, Edward le había
ofrecido quedarse en su casa mientras asistía a clases.
Bella tenía que admitir para sí misma que la posibilidad
de salir de la casa de sus padres en Bangor Maine, le daba un sentimiento de independencia
que siempre había anhelado. El hecho de que iba a llegar, finalmente a pasar
algún tiempo a solas con Edward la ponía aún más entusiasmada con la mudanza. A
pesar de pasar los últimos dos años tratando de convencerse a sí misma de que
no tenía sentimientos románticos por él, nunca fue capaz de hacerlo plenamente.
Un par de años después del incidente en el
jacuzzi, se mudó de casa y fue a la academia de policía; y luego tomó un
trabajo en la policía de Boston. En esos dos años viviendo con él, habían
desarrollado un estrecho vínculo, como hermanos. A pesar de sí misma, había
esperado algo más, sin embargo, Edward había permanecido ajeno a su interés.
Ahora, tres años después de la terrible
experiencia en el jacuzzi, Bella ya no era una niña, y una parte de ella
esperaba que la viera como la mujer en la que se había convertido. En el
pasado, la había visto como una niña tonta a la que provocaba y llamaba
"Chirridos". Incluso salir y dormir con un par de sus amigos no
pareció cambiar su visión de ella.
Tomando una respiración profunda para calmar sus
nervios, llamó suavemente y esperó. No hubo respuesta. Un ceño se formó en su
cara, mientras contemplaba lo que iba a hacer a continuación, no tenía a dónde ir.
¿Dónde estaría Edward? Y lo más importante, ¿por qué no respondía a su llamado?
Era domingo por la mañana y Bella sabía que tenía el fin de semana libre, por
lo que debería estar en casa.
Llamó de nuevo, un poco más fuerte esta vez. En
el interior, oyó unos ruidos y el parloteo de voces, seguidos de fuertes
pisadas que venían hacia la puerta.
Mordiendo su labio inferior, intentó lucir casual
a pesar de los latidos de su corazón ante la perspectiva de verlo después de un
año.
La cerradura hizo clic y la puerta se abrió de
golpe para revelar a Edward. Se quedó sin aliento mientras sus ojos recorrían
su increíble cuerpo, desnudo de la cintura para arriba. Sus pantalones negros
colgaban de sus caderas, mostrando sus bien formados abdominales. Cuando sus
ojos viajaron hacia arriba, miró su musculoso pecho y sus poderosos hombros.
—¿Qué estás haciendo aquí, Bella?
Con el ceño fruncido, su mirada encontró la de él
cuando hizo un gesto hacia el equipaje que el taxista había arrastrado por dos
tramos de escaleras unos momentos antes.
—Uhm. Voy a vivir aquí. ¿Recuerdas?
Intentó pasar por delante de él, pero él se
mantuvo firme, bloqueándole la entrada de su apartamento. Pasando una mano por
su corto y oscuro cabello, Edward miró por encima del hombro hacía dentro de su
apartamento.
—Sí, pero no tenías que estar aquí hasta mañana.
—Bueno, estuve lista y llegué antes. No seas un
idiota, déjame entrar. ¿Qué te pasa?
Agarró el mango de su maleta y trató de abrirse
paso por delante de él para ser detenida por segunda vez.
Saliendo al pasillo, cerró la puerta detrás de él
y se acercó más a ella, bajando la voz.
—Escucha, ¿puedes volver quizá en una hora o dos?
Cruzando los brazos sobre el pecho lo fulminó con
la mirada, su metro sesenta y dos eclipsado por su metro noventa.
—¿Sabes qué? Son las 9 de la mañana, y estamos en
el centro de Boston. Hay un borracho desmayado en el vestíbulo del edificio y
no estoy familiarizada con la ciudad. Así que para responder a tu pregunta, no,
no puedo volver más tarde. Déjame entrar. ¡Ahora!
Suspiró.
—Bien. Cinco minutos, por favor.
Sacando su teléfono celular presionó la tecla de
los contactos y le mostró la pantalla.
—Si no me dejas entrar en cinco minutos, voy a
llamar a tu madre.
Una sonrisa tiró de las comisuras de sus labios,
sus ojos verde oscuro brillaron con diversión.
—En serio, ¿me vas a delatar con mamá?
—Por supuesto, hermano mayor, y sabes cómo puede
ser ella.
Su mandíbula se apretó.
—Está bien. Cinco minutos. Lo prometo.
—Desapareció de nuevo en el apartamento antes de que tuviera la oportunidad de
decir una palabra más, seguido por el sonido del cerrojo detrás de él.
Los ojos de Bella escanearon el lúgubre pasillo
de su edificio. Dejaba mucho que desear, la pintura estaba descascarada, un par
de apliques estaban quemados y los pisos de cerámica estaban rayados y sucios.
Estaba muy lejos de la casa de cinco dormitorios, y cuatrocientos sesenta y
cinco metros cuadrados, de sus padres en Bangor.
—Bienvenida al mundo real, Bella—murmuró para sí
misma.
Voces sonaban desde dentro del apartamento y cayó
en la cuenta de lo que estaba pasando. Edward tenía una chica adentro. Los
celos se formaron en la boca de su estómago. Las voces se hicieron más fuertes
y no pudo evitar poner la oreja junto a la puerta con la intención de escuchar
lo que estaban diciendo.
La puerta se abrió de repente, casi derribándola
otra vez, si no se hubiera agarrado a la pared para sostenerse. Se sonrojó,
levantando los ojos para ver a una enfadada mujer rubia de pie ante ella, de
piernas largas en un apretado y entubado vestido azul que no dejaba nada a la
imaginación.
Los ojos azules de la mujer miraron a Bella con
tanta hostilidad que la hicieron dar un paso hacia atrás y cambiar de un pie a
otro. Bella no tenía ni idea de por qué le dio una mirada sucia, pero no quería
formar parte de cualquiera que fuera el problema de la mujer.
—Tanya, vamos. No seas así. —Edward apareció
detrás de la mujer, pero ella no le hizo caso, sin dejar de mirar a Bella con
abierta hostilidad.
—Sabes qué Edward, tal vez te llame algún día.
—Pasó junto a Bella, golpeando a propósito su codo en el brazo de ella.
—Auch, ¿qué demonios? —Bella frunció el ceño
mientras se frotaba el brazo y observaba a la mujer pasar por el pasillo. Una
vez que la mujer desapareció por las escaleras Bella se volvió hacia Edward con
la ceja levantada—. Pensé que se suponía que tenías que arrestar a las
prostitutas, no traerlas a casa.
La expresión de Edward cambió de molesta a
divertida mientras se reía entre dientes.
—Sí, bueno no siempre recojo mujeres en los
bares. No vale la pena el dolor de cabeza.
Bella le puso los ojos en blanco.
—Hmmm. Voy a tratar de recordarlo. Solo espero
que te envolvieras doblemente con ella.
Pasando por delante de ella, Edward agarró sus
dos maletas.
—¿Cuándo
se volvió de tu interés mi vida sexual? —Se dio la vuelta y volvió a entrar en
el apartamento—. Tu habitación está por allí.
Desde el día que te conocí, quiso responder, pero
se mordió la lengua. En cambio, se encogió de hombros y dijo:
—Solo te doy algunos consejos de hermana.
—Agarrando sus dos maletas restantes, lo siguió, cerrando la puerta con su
pie—. He oído que contraer herpes realmente apesta.
Edward se rio.
—Lo tendré en cuenta.
Bella miró el apretado culo de Edward, debajo de
sus pantalones, mientras caminaba delante de ella. Estaba mal, tan, tan mal, lo
sabía, pero no podía evitarlo. No es como si fuera realmente mi hermano, trató
de justificar su silencioso enamoramiento. Era una discusión que había tenido con
ella misma más veces de las que podía recordar.
»Bueno, esta va a ser tu habitación. —Dejó sus
maletas en su interior y encendió la luz. El ventilador de techo se encendió
mientras la luz iluminaba el pequeño espacio—. No es mucho en comparación con
casa, pero...
La habitación estaba escasamente amueblada con
una cama, mesa de noche y una cómoda; y las paredes de un blanco grisáceo.
—Está bien. —Le sonrió—. Soy una estudiante
universitaria que no paga alquiler; me quedo con lo que puedo conseguir.
Edward
Edward observó a Bella inspeccionar el dormitorio
con una ligera vergüenza. Había planeado pasar el día aseando para su llegada
el día siguiente. Sin embargo, su vergüenza por el dormitorio no era nada en
comparación con ella atrapándolo con Tanya. Tanya había sido un error de
borrachera de la noche anterior, nada más.
Los encuentros de una sola noche no eran algo de
lo que hacía un hábito, ya no al menos. Le gustaba pensar que había superado su
conducta promiscua, pero había estado tan caliente como el infierno
últimamente, en gran parte porque Bella venía a vivir con él. Había estado
evitando ir a casa en Bangor debido a ella, más específicamente debido a su
atracción por ella. Había decidido que era mejor mantener la tentación a un
brazo de distancia, que luchar contra el impulso de tomarla en sus brazos,
besar sus carnosos y brillantes labios, y tirar su curvilíneo cuerpo contra su
polla. La vista de ella con Mike en el jacuzzi todavía estaba grabada en su
mente y lo hacía enfadar de nuevo cada vez que pensaba en ello. Ese fue el
momento en que se dio cuenta de lo mucho que la deseaba, y una retorcida parte de
él la deseaba incluso más debido a que estaba fuera de los límites.
Que viviera con él iba a ser peligroso, ¿pero qué
otra opción tenía? Necesitaba un lugar para quedarse y había trabajado mucho
para conseguir la beca para pagar su matrícula, lo mínimo que podía hacer era ofrecerle
un techo sobre su cabeza por la duración de sus estudios. Su atracción hacia
ella era problema suyo, no de ella. Edward sabía que tenía que encontrar una
forma para lidiar con el furioso deseo que evocaba en él simplemente mirarla y
oler su perfume floral que había sido su favorito por años.
—Creo que puedo hacer algo con esto —dijo más
para sí misma que para él, tirando de su labio inferior entre sus dientes
mientras examinaba cada centímetro de la habitación.
Mientras ella escudriñaba la habitación, Edward
examinaba su magnífica figura. Estaba usando un par de desteñidos jeans azules
que abrazaban su culo a la perfección, y una ajustada blusa morada de satén,
que tenía demasiados botones desabrochados. Desde su punto de vista, le daba
una perfecta visión de los contornos de sus pechos y del sujetador de encaje negro
conteniéndolos.
Se gruñó a sí mismo y apartó la mirada,
sintiéndose como algún tipo de pervertido por echarle un vistazo a los pechos
de su pequeña hermanastra. No tenía ni idea de cómo demonios había pasado
tantos años viviendo con ella en la casa de sus padres sin hacer algo al
respecto. Tomando una respiración profunda, se pasó una mano por el cabello
antes de dirigirse sigilosamente hacia la puerta, necesitaba poner tanta
distancia como fuera posible entre ellos.
—Oye, ¿dijiste que me estabas haciendo el
desayuno? —gritó Bella detrás de él.
Edward se detuvo en la puerta, una sonrisa
tocando sus labios.
—Nop. No creo que lo haya hecho. —A menos que sus
habilidades para cocinar hubieran mejorado dramáticamente, se imaginó que él
estaría haciendo la mayor parte de cocinar para los dos. Estaba seguro que intentaría
darle una mano, pero la verdad, prefería que no lo hiciera en ese sentido.
—¿Podrías? —preguntó, su voz dulce y baja, con
mucha adulación oculta en ella. Fue de inmediato llevado de vuelta a sus años
más jóvenes.
Bella no había cambiado en ese sentido, sabía
exactamente cómo conseguir lo que quería.
Su sonrisa se ensanchó.
—Está bien.
—Te cocinaré la cena a cambio. —Ella se rio
ligeramente entre dientes.
Querido Dios, espero que no, se rio para sí
mismo, dejando la habitación y dirigiéndose a la cocina.
Bella
Mientras Bella ponía su ropa en la cómoda y en el
clóset, se preguntó si había visto lo que pensaba que había visto, o si era
solo una ilusión.
Dios, acabo de llegar y ya estoy leyendo en sus
acciones más de lo que es real, gimió para sus adentros. Estaba segura que
cuando estaba revisando su habitación, Edward la había estado devorando con la
mirada.
De verdad creía que estaba más allá de su
enamoramiento adolecente. Aparte de su arrebato en el jacuzzi, nunca había
mostrado interés ni antes o después, así que sabía que tenía que estar
equivocada. Pero, estaba igual de segura que había visto una ligera
protuberancia contra los pantalones de franela que estaba usando.
No era posible, no podía estar interesado, razonó
consigo misma, rechazando la idea, porque él acababa de pasar la noche con la
rubia. ¿Por qué estaría con alguien el día antes de que llegara si tenía el más
remoto interés, no?
Colgando su última blusa, escondió la maleta
debajo de la cama y se dirigió a la cocina. ¿Estaba realmente interesado? ¿No?
¿Sería inteligente incluso intentar averiguarlo? Haber fantaseado con su
hermanastro era una cosa, pero realmente iniciar algo con él era un riesgo.
El delicioso olor del tocino y huevos friéndose
hicieron que su estómago gruñera mientras entraba a la cocina. Tras posar su
mirada en Edward estuvo ligeramente decepcionada de ver que se había puesto una
camiseta gris con el logotipo de la Policía de Boston impreso en su pecho.
—Algo huele delicioso. —Se acercó a él, y deslizó
sus dedos por su espalda cuando se aceró a su lado en la estufa.
Su cuerpo se tensó ante su toque, pero
rápidamente se relajó cuando la miró, sus ojos verdes perforando sus ojos
marrones.
—Ya casi está terminado.
—Me cocinas el desayuno en domingo, como en los
viejos tiempos. —Le dio un juguetón golpe de cadera mientras agarraba un pedazo
de tocino del plato que él acababa de poner—. Cada vez que nuestros padres estaban
lejos.
—No tanto como en los viejos tiempos —dijo él
mientras le devolvía el golpe y sus ojos se encontraban durante el tiempo
suficiente para enviar un escalofrió a través de ella. Aclarando su garganta y
viéndose un poco incómodo, metió la mano en la alacena e arriba y sacó un par
de platos, dividiendo la comida.
Huevos,
tocino, papas fritas caseras y una rebanada de pan tostado estuvieron colocados
en cada uno de los platos antes de que le entregara uno.
—¿Entonces qué quieres decir con no tanto como en
los viejos tiempos? —preguntó sentándose en la pequeña mesa de madera, para dos
personas, y metiéndose otra rebanada de tocino en su boca.
Él tomó un trago de su agua y encontró su mirada.
—Bueno, no hay un desastre para limpiar después
de una fiesta. Y has crecido. —Sonrió con inquietud—. Ambos lo hemos hecho.
—Sí. ¿Por qué no volviste a casa el año pasado de
todos modos? Tu mamá ha estado bastante molesta por ello.
Él bajo la mirada evitando el contacto visual.
—Solo estuve ocupado. Ya sabes, trabajo y cosas.
Soy el chico nuevo en el barrio, por así decirlo, así que tengo que trabajar
como un burro para intentar probarme a mí mismo.
—Te echa de menos. —Bella hizo una pausa, sin saber
si debía decir el resto, luego decidió que a quién le importaba—. Te eché de
menos. —Se pasó una mano por sus largos rizos oscuros y se concentró en su
comida.
Él no hizo ningún comentario, en cambio tomó un
bocado de huevos revueltos y se lo metió a la boca.
El resto de su desayuno fue utilizado para una
ociosa charla, mayormente sobre sus próximas clases y trabajo. Le había dicho
que lo extrañaba y él no había respondido, según su opinión eso le decía todo
lo que necesitaba saber. Lo había malinterpretado, simple y llanamente, era el
resultado de su ilusión.
—Lo siento, Chirridos. No tenía la intensión de
molestarlos a ninguno de ustedes —dijo Edward mientras se ponía de pie y
enjuagaba su plato.
Riéndose, siguió su ejemplo, pasándole su plato
vacío, y levantando la vista para encontrar su mirada.
—Oh vamos, no comencemos con el Chirridos, era un
apodo vergonzoso cuando éramos niños y es vergonzoso ahora.
—No es mi culpa que cuando rías muy fuerte suenes
como un chirrido de aves.
—No lo hago. —Bella se mordió con fuerza el labio
inferior, obligándose a no reír y demostrarle que tenía razón.
—¿Oh? —Él levantó una ceja y dio un paso hacia
ella, con determinación y picardía en su mirada.
Ella dio un paso atrás, manteniendo una sólida
distancia de medio metro entre ellos.
—Detente. No.
Edward se abalanzó y agarró sus costados, justo
debajo de sus pechos, procediendo con la tortura de las temidas cosquillas.
—¡Nooooo! —Bella se retorció y se agitó,
intentando liberarse de sus tormentosas manos, luchando contra el impulso de
reír. Pero no sirvió de nada, fue implacable y en cuestión de segundos la tuvo
chillando y riendo, con el ocasional chirrido mientras intentaba alejar sus
manos de un golpe.
Después de un minuto la liberó, dejándola sin aliento.
Llegando detrás de ella, le dio una palmada
rápida a su trasero, que escoció, haciéndola gritar. Lo fulminó con la mirada,
molesta con el golpe, pero sobre todo por el hecho de que acababa de probar su
punto.
—Punto probado, Chirridos.
Bella gimió para sus adentros. Al igual que en
los viejos tiempos… pero no tanto.

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